Un gordo de rebajas

Según el humor con que me levanto coloco mis alegres 93 kilos de peso limpio (es decir, en pelotas, sin colorantes ni aditivos), de distinto modo. Así, pueden ser atléticos, bien repartidos, proporcionados, a veces estéticos o simplemente agradables a la vista. Otras veces son insultantes, impresentables, pecados visuales. Y otras, dado que soy muy extremista, salto de la perfección al despropósito en un parpadeo. La cruda realidad, como pueden suponer, no engaña: buena parte de esos kilos se concentra, como en todos los hombres, en una lorza llamada barriga que se desparrama indolente cual cortina veneciana sobre un devastado Machu Picchu púbico.

A esa molesta parte del cuerpo no se como hacerla desaparecer. He hecho buen número de dietas, pero es inútil: mis kilos son muy sentimentales y siempre vuelven a casa.

Tras un par de intervenciones quirúrgicas, ajenas a la gordura, que me retuvieron en cama varios días sin comer, logré peder unos kilos por el único método para adelgazar que no me falla: cerrar la boca. Pero al cabo de los meses el peso retomaba posiciones. Mi afán por la buena mesa no tiene solución. No me hablen del ejercicio que también he probado sin éxito. Y eso que le ponía mucho interés.

Dicho esto comprenderán que mis tallas no son las habituales, aunque vayan ustedes a saber qué son tallas habituales. En mi más que completo ropero tengo prendas  L, XL y hasta con cinco X, que ya me dirán. Incluso en la misma marca he encontrado diferencias en una misma talla según el país donde han sido confeccionadas.

Sin necesidad imperiosa de comprar nada, me fui de rebajas. Antes las hacían a final de temporada para rematar saldos, y ahora las hacen cuando pueden, a veces a la semana de haber comenzado la estación. Sé que no es época pero si no encuentro lo que busco la justificación es fácil: «hemos agotado lo de verano y lo de invierno aún no ha llegado todo», aseguran los vendedores.  Me fui a El Corte Inglés (y siento defraudar a quienes puedan creer que esto es un blog anuncio), donde voy siempre. Planta segunda, en uno de las esquinas, donde una más que amable señora que se llama Encarna, sabe lo que me gusta y lo que le va a mi cuerpo, que a veces no coincide. Estaba de baja recuperándose de una intervención pero me atiende un caballero a quien también conozco, aunque menos.

Me tranquiliza ver que no hay leotardos ni pantalones con rotos  en las rodillas, o por todas partes, ni jubones traicioneros (anda, que si caigo en la tentación…!). Miramos chaquetas de todo tejido, que más da la estación si además el tiempo está loco, y empiezan los problemas. Las que me gustan terminan en la talla 58 como mucho, y yo uso la 62. Y eso que hoy mi espíritu está alegre y siento la lorza como retirada a los cuarteles de invierno. Son chaquetas fabricadas con la marca Mirto como otras por el propio almacén, y tienen una excelente relación calidad-precio, que supone no excedernos en el presupuesto cuando algo nos apetece. Miro otras marcas, como Hugo Boss, que antes compraba porque tenían mi talla, pero ya no la hacen. Las nuevas generaciones van a menos: o se pasan de musculitos y van apretados cual morcillas, o son extra S (Small, pequeño) también apretados sus cuerpos como frágiles crisálidas sin calcetines y pantalón pirata, estilo «Sabrina», o lo que es igual, Audrey Hepburn: jóvenes,  si leéis esto y no sabéis quien era esta actriz mirad en Google.

Encuentro mi talla en Hackett, solo en dos modelos que ciertamente estilizan y despistan la veneciana impertinente, de hecho la única parte de mi cuerpo que delata mi gordura. Al lado está Ralph Lauren donde ni miro porque allí los chascos con las chaquetas son tremendos. Sus patronajes son  para escuálidos modelos nórdicos, de talle y brazos desvanecidos, con poco pecho ni cadera, maniquíes insospechadamente famélicos. Volveré.

Toca ahora el pantalón, problema clave, pues ahí está la base de todo, ese círculo polar llamado cintura donde nunca encuentro el Ártico y el Antártico. Y que nunca se ve afectado (ni está previsto) por el cambio climático. La talla más grande que se fabrica es la setenta, pero a mi me falta muchísimo (dejémoslo en mucho par ser correctos), para el límite. Los he tenido que encontrar en la sección Tallas Grandes, verdadero disgusto para quienes nos vemos obligados a usarlas. Tendrán secciones para sucios que no se duchan? para teñidos? para gentes de mal vivir? NO, estos están todos unidos. pero si te pasas ese kilos has de ir donde todos te vean: TALLA GRANDES, el hogar del gordo. Allí entre señores que siempre crees que ellos sí están gordos pero tu no, me pruebo un talla 70, para ver lo que me sobra. Y para comprobar lo que ya sabía, que para fabricar esas excepciones se utilizan tejidos de peor calidad, porque si fuera la misma, qué más daría tener unas tallas más al lado de las normales? Los modelos son tan poco atractivos, nada a la moda, como debe sentirse quien los usa. Ahí no pondré objeciones: a ver quien, con más de cien kilos,  se pone un pantalón pitillo, marcando silueta, y, además de camal pescador o pirata.

De salida miro en la sección de sombreros, pero también tengo la talla 62 y no llegan. Así que para la cabeza, gorro de lana, que primero cede y luego se recupera.

A este paso acabaré de modelo, pero al estilo de las curvy pero en hombre, donde sería una novedad, que ya no cuentan con nosotros ni para la moda y alrededores (desfiles, publicaciones, etc. etc.). Y mira que gastamos, que cada traje cuesta un congo, como dicen los «talla habitual» . Pero nada, si no entras en lo que ves, pues a TALLAS GRANDES. Y si no, a medida pero eso ya son presupuestos fuera de toda sospecha.

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Josep Sandoval

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  • ¡ CÓmo TE ENTIENDO, sANDO !
    lOS QUE YA DEJAMOS ATRAS LAS TALLAS «CADETE» HACE LUSTROS NO NOS QUEDA MÁS REMEDIO QUE ASUMIR UNA REALIDAD, DE LA CUAL PRETENDEMOS CULPAR DE MODO INSTINTIVO Y CASI ANGUSTIOSO A LA EVOLUCIÓN DEL METABOLISMO BIOLÓGICO QUE VA MARCANDO LA EDAD.

    y DEBEMOS RECONOCER QUE GRAN PARTE DE ESA CULPA (SI NO TODA) TAMBIÉN ES NUESTRA PORQUE NADIE -SALVO LOS HÉRO@S CAPACES DE PRIVARSE DE ELLA- SE RESISTE A LA BUENA MESA. lA CUESTIÓN ES SI COMPENSA Y ESO YA ES CUESTIÓN DE CACA CUAL.

    pERO SIEMPRE HAY CONSUELO. LOS QUE DESDE LA EDAD EN QUE YA EMPIEZA A PREOCUPAR EL TALLAJE VEÍAN QUE SUS MEDIDAS SOBREPASABASAN LOS CÁNONES OFICIALES PROPIOS DE LA MISMA, DEBERÍAN REFLEXIONAR SOBRE LA EVIDENCIA DE QUE SU EVOLUCIÓN PERIMETRAL, MEDIDA SOBRE EL PARALELO OMBLIGULAR (EL PALABRO ES DE MI COSECHA), HA SIDO MENOS VIRULENTA Y DESPROPORCIONADA QUE LA DE LOS MITOS ESTÉTICOS QUE MARCABAN LAS REGLAS DE SU JUVENTUD.

    eJEMPLOS NO FALTAN. nO SON APENAS CONOCIDAS LAS IMÁGENES DE JUVENTUD DE PERSONAJES COMO kING aFRICA, dEMIS rOUSSOS, pAVAROTTI, sTAN lAUREL, Y OTROS GORDOS A LOS QUE LA FAMA LES LLEGÓ YA BIEN ORONDOS. pERO HAY UN EJEMPLO DEFINITIVO QUE SUBIRÁ MUCHOS GRADOS LA MORAL DE LOS AFECTADOS POR ESTA ANGUSTIA QUE NOS OCUPA, EL ICONO POR EXCELENCIA DE hOLLYWOOD: :mARLON bRANDO. rECORDADLO EN CAMISETA EN «uN TRANVÍA LLAMADO DESEO» y COMPARADLO CON EL CARDENAL cISNEROS DE LA VERSION CIEMATOGRÁFICA DE «COLÓN» O CON EL CORONEL kURTZ DE «aPOCALIPSIS NOW». EL MITO MURIÓ GORDITO, y NO SE PRIVÓ DE NADA. PERO NADA DE NADA.

  • Estimado amigo, esta barriguita que tenemos solo los guapos es realmente la envidia de todos los modelos, el tiempo que se lleva trabajando en ella y ella agradecida nunca se va, a veces como comentas brevemente desaparece en una pequeña porcion, debido a alguna intervención o una simple gripe, pero enseguida que te recuperas vuelve y vuelve para quedarse, asi que yo que a pesar de ir al gimnasio una hora al dia, caminar por las tardes unos 4 kilometros y comprobar que esos 100 kilitos siguen hay dia a dia pienso y me pregunto, si no hiciese ese deporte, ese paseo, ¿que haria esa «mi barriguita»? ¿llamaria otra barriguita y se uniria a ella, no?
    en fin la lucha de los que estamos ligeramente en sobrepesillo

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