Nadie sabe porqué a la baronesa Thyssen, Carmen Cervera, Tita en la jet set y Carmen Thyssen en los salones, se le ocurrió hacia el 2005 la idea de aumentar su familia mediante la adopción. Ya lo había pensado hacia los noventa en vida del barón, pero las cosas se complicaron con la muerte de Heini, y la idea reapareció en el 2005.

Tita se puso manos a la obra y recurrió a un vientre de alquiler en Los Ángeles que a principios de junio del 2006 alumbraba no a una niña sino a dos, con lo que la baronesa pasaba de tener un hijo único, Borja, a ser cabeza de familia numerosa.  La cosa se complicaba para el joven que antes de poner su herencia en peligro, empezó a disfrutarla en tres plazos ya finiquitados de varios millones cada uno. Pero eso sería sólo el aperitivo de una fortuna que con los cuadros como base, pinta (nunca mejor dicho) la mar de bien. Tita Thyssen tiene tres museos abiertos y uno que se pondrá en funcionamiento dentro de un año en la Costa Brava y albergará cuatrocientos cuadros de pintura catalana propiedad de Tita.

El plato fuerte de la fortuna son las mil cuatrocientas obras que alberga el Museo Thyssen de Madrid, donde están en concepto de préstamo cuya caducidad finiquita a fines de este año.Y mientras, la baronesa va pasando la vida teniendo como grandes problemas su residencia por cuestión de dónde debe pagar sus impuestos (Andorra, Suiza, España, Londres) , las relaciones con su hijo y la familia de éste, más alguna chapucilla de esas desagradables que los tabloides nacionales se encargan de magnificar.

Parte indispensable de este bien vivir de la baronesa, retoques estéticos aparte, son sus reportajes en la revista «¡Hola!», donde se alternan las relaciones familiares con otros más amables de posado infinito protagonizadas por las gemelas, Carmen y Sabina, que el pasado julio cumplieron once años y la revista lo celebra ahora, en septiembre, claro exponente que el personaje y su entorno no son de interés primordial. Las niñas está muy crecidas, tienen ese aire californiano que mezclado con el aroma de la Costa Brava donde se criaron y pasan buena parte de su tiempo, les dota de un encanto despejado y feliz. Lo cuento a raíz de las imágenes que nos pasa la publicación donde, como siempre las empolvan en rosas y azules, les ponen gasas, perifollos, lazos y flores en el pelo y siguiendo la norma de «qué guapa es la gente rica» están muy monas.

Choca que a pesar de lo fotografiados que son toda la familia, es imposible encontrar una foto donde aparezcan las niñas con su hermanastro. En principio parece señalar que pretenden con ello obviar el parecido que guardan los tres. En su día se dijo de todo, incluso se escribió que las niñas podrían haber sido engendradas con semen del propio Borja, con lo que la situación se complicaba. Y, añaden las crónicas sentimentales de hace una década, que el primer gran «disgusto» de Blanca, esposa de Borja y madre de sus cuatro hijos (y una excelente pintora) fue enterarse por la prensa del origen de la fertilización.

El tiempo todo lo borra y Tita sigue en la empolvada portada de «¡Hola!», aunque no está sola, pues la comparte con Isabel Pantoja aclarando su posado de la anterior semana a lo «Lady Di»; el tercer embarazo de la nuera de ésta; la despedida de los ruedos de Fran Rivera; y la boda de Dafne Fernández.

Pero Tita y sus «titinas» están en el centro de la portada, en vaporoso y puro blanco y oxigenada melena que señalan una educación exquisita. Vamos, que sin leer el reportaje adivinamos que hacen ballet, hablan idiomas, tocan el piano, pintan y alguna otra actividad  artística más.

Puestos a ser malos, la bondad como el saber no ocupa lugar, señalemos que la baronesa aunque se explaya hablando (y bien) de todos, no cita ni una sola vez en diez páginas a su nuera Blanca.

Y que a pesar de todos sus problemas con Hacienda y alrededores, viven todos en un cuento: el barco de mamá se llama Mata Mua («Érase una vez»), como el cuadro de Gauguin que también posee Tita y que, como muchos otros de su propiedad, les sacarían de cualquier apuro. Y ya puestos, me extraña que todo el mundo haya aceptado, sin pedir prueba alguna de ADN, que Manuel Segura, sea el padre biológico de Borja Thyssen.

 

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Josep Sandoval

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  • Ignoraba yo que esta señora tuviese hijas adoptivas, suerte tienen algunas, tampoco creo que la sonrisas tenga muchos problemas Con hacienda, me da que solo vendiendo uno de sus cuadros aun le quedara para algun caprichito, en fin la vida es mas bella para algunos

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