“The Chanclettes” están rematadamente locos

Pues sí, “The Chanclettes” están rematadamente locos. Así, de modo definitivo y espero que con vuelta atrás fuera de las horas de función, Josep Maria Portavella, Josep Coll y Xavier Palomino actualizan  su último trabajo, “#deputucool” que presentaron en El Molino, que en principio era para un mes y estuvieron seis. Dado que son ellos muy dados a revisar sus shows, nos atreveríamos a decir que a diario  pues nunca es el mismo aunque lo vean en días consecutivos. Y la verdad, no se como lo hacen porque trabajan con bases pregrabadas: ellos son los pioneros en España de los playbacks hablados. Con textos de películas, obras de teatro, entrevistas, anuncios y todo lo que sea sonoro, elaboran un argumento que, insisten, es una puesta al día de la actualidad del país a todo nivel. No suelen disimular sus emociones y por eso esa locura de ahora incide en este absurdo duelo nacional/independentista, opción ésta última por la que toman descaradamente partido desde varios de sus flancos. Desde el inicio con un “speech” de la maravillosa Montserrat Carulla, que siempre se ha mostrado orgullosa de su amor a la “terra”, hasta el epiléptico strip-tease integral de Portavella, o al “Parole, parole” de Dalida, jugando entre las promesas de Rajoy (que se proyectan en pantalla), y la enamorada que reconoce que todo eso son sólo eso, palabras, hasta estallar con otro loco desnudo, falso esta vez, en el que al quitarse el sujetador aparecen unas “esteladas” cubriendo los senos.

“The Chanclettes” no se si presos del momento político actual han sobrevivido a un ataque de ansiedad, han remontado este “#deputucool” a un ritmo endiablado. Sí, es el demonio quien les imprime una velocidad al montaje que convierte los 90 minutos  de duración en un suspiro. Usan y abusan del “slapstick”, gritos sin amagos de susurros, mamporros, golpes, caídas, réplicas, borracheras, discursos, toda una amalgama de sensaciones a ritmo trepidante. A veces pierdes el hilo en función de una ininteligible retahíla de frases, exabruptos, estribillos y dipsómanas situaciones cuyo resultado es el de una “grand bouffe” emocional, donde no hay más comida que palabras, músicas, ruidos y golpes. ¿Que si con todo ello se puede montar un espectáculo? los demás no sé, “The Chanclettes” sí pueden. Y con excelentes resultados.

La Mega Pubilla y Lola (Maria Dolors) Bastarda

Instalarse en un show de esa guisa requiere una preparación no sólo física sino emocional. Saltar de personajes en segundos es un esfuerzo de memoria notable, correr de la bucólica Heidi a la sensual Dalida, la pícara Guillermina Motta, la trágica Carulla o la inimitable Streisand (reconvirtiendo su exquisito “Papa can you hear me?” de “Yentl” en parodia sadomaso), son continuos saltos al vacío sin tiempo para reponerse. Sin tener nada que ver, a veces nos arrastraba a los momentos más trágicos del Grand Magic Circus, del no menos grande, el recordado Jerôme Savary, sólo que esta vez le han aumentado las revoluciones y la narración se convierte en un torbellino de alocadas pasiones que acaba destrozando al individuo de pura diversión

“The Chanclettes” no están solos en el escenario (y por la platea), sino que disponen de dos chicas recién llegadas de Litlle Rock (USA). Marilyn Monroe y Jane Russell, versión Eixample, aparecen envueltas en lamé rojo fuego y coronadas por enormes pelucas todas glamurosas. Dicen que son sus azafatas, pero dado que “The Chanclettes”, omnipresentes en escena, necesitan algunos cambios de ropa notables,  podrían aprovechar sus rotundas presencias para que nos regalasen algunas pinceladas más de su arte embutidas (una mucho más que la otra) en su lujurioso látex. Ellas son La Mega Pubilla y Lola (Maria Dolors) Bastarda. a quienes requiero algún numerito desengrasante a lo Monroe y Russell que nos permita recuperar el aliento entre estos locos sueltos.

La noche del estreno, ayer, en el Eixample Teatre, (Aragó, 140 Barcelona), la platea se contagió de la locura del grupo y al final fue un manicomio envuelto en cerveza (en sentido total: “vamos a dar mucha caña“, aseveró Portavella aunando pasiones), y palomitas de maíz. Para que no falte de nada, en los urinarios han instalado estratégica´´mente las caras de los políticos que detestan para que reciban el impacto popular. No se si es políticamente correcto, pero al público le entró ganas de visitarlos de modo multitudinario. No queda muy fino como final, pero como decía aquel, así son las cosas, y así se las hemos contado.

 

 

 

 

 

 

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Josep Sandoval

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