Terry Richardson, ayer idolatrado, hoy prohibido

Terry Richardson, el escandaloso fotógrafo americano, ha sido defenestrado por la Condé Nast International, que edita publicaciones tan selectas como Vanity Fair, GQ o Vogue, para que no vuelva a trabajar en ellas. Un comunicado interior del grupo, insiste que, de modo fulminante,  serán anulados todos los reportajes aún los listos para imprimir, cancelados sus proyectos y cualquier contacto profesional con él. El motivo lo ha provocado la repercusión de la actuación de Harvey Weinstein ante las acusaciones de depredador, acosador y violador, en su caso de actrices o aspirantes a actrices, y en el de Richardson frente a las y los modelos que posaban para su cámara, un asunto que como el anterior hace años ya se sabía pero que a todos les parecía bien. Nadie veía una sombra de maldad ni acoso ni nada frente a lo que hoy es, tanto del uno como del otro, el derribo de unos depredadores sin piedad, a quienes hay que enviar al infierno sin dilación. De quienes les jaleaban, disfrutaban y hasta posiblemente se complacían con sus trabajos, nadie dice nada. Otro sí, las afectadas son mujeres, no hay ningún hombre, en ningún caso, y eso que en las fotos de Richardson abundan los penes ridiculizados, abusados, disfrazados o embadurnados, el primero el suyo.

Quien conozca el trabajo del fotógrafo sabrá de la ausencia del pudor en sus imágenes, la exhibición sin sombra de recato de intimidad en las acciones retratadas y en la utilización del desnudo, femenino o masculino, incluso del suyo, que exhibe sin pudor de tipo alguno. Todo lo que hasta el momento se consideraba apetecible, gracioso, transgresor, atrevido, brillante y provocador, ahora de repente se ha convertido en algo sucio, despreciable, repugnante, execrable y toda suerte de lindezas parecidas. Todo lo que editaba la propia Condé Nast, o el propio “Terryworld” (ed. por Taschen), compendio fotográfico del artista, es hoy material de derribo. Es lo que tiene la doble moral americana, la que defenestra el porno mientras mantiene en California las mayores productoras, estudios y el más amplio gremio actoral. Lo castigan, pero lo explotan y lo exportan ampliando el mercado a nivel de que buena parte de los actores europeos del gremio han sido abducidos por sus productoras. Otro ejemplo, Justin Timberlake actuará en la media parte de la Super Bowl del próximo febrero, donde hace más de una década le arrancó el sostén a Janet Jackson, su partenaire en el show, dejándole un pecho al descubierto (pezón oculto) por lo que ella fué masacrada: ahora él vuelve, pero ella no.

He coincidido con Richardson en dos ocasiones, una en París, cuando firmó la publicidad de Mango, en una campaña con Kate Moss, que incluía un alocado cortometraje; la otra en Río de Janeiro cuando fotografió el calendario Pirelli. A nivel personal se muestra repelente, caprichoso, protegido por su equipo, sosias de él mismo, falto de ética y educación, vistiendo en cualquier acto sus jeans y su eterna camisa de franela de leñador canadiense, negándose a firmar sus trabajos y obviando a cualquiera que no fuera de su entorno más íntimo. Un “enfant terrible” de 52 años, sería lo correcto; decir que es un capullo también.

En la presentación del primer trabajo citado se mostró discreto, consciente de su alcance comercial, aunque incluía un recatado striptease de Terry y Kate dentro de una furgoneta que recorre las calles de París a velocidad endiablada mientras se cambian de ropa. En la capital brasileña se proyectó el making off de las sesiones de fotos del calendario con ciertas diferencias. En el pase de prensa, a mediodía, se incluyeron unas secuencias de una lucha en un embarrado camino de la selva, donde dos modelos terminan desnudas en una pelea de gatas en el barro (que recoge el calendario), en la que se mete el fotógrafo, naturalmente también desnudo. En la sesión de noche, con mil invitados, esta secuencia fue eliminada.

Así estaban las posturas básicas del fotógrafo: cuando le pedía a alguna modelo que se desnudase (todas sabían que iban a eso), y le replicaban que lo hiciera él, se quitaba la ropa en diez segundos. Y cuando la sesión iba más allá, la libertad de la modelo era quien imponía las reglas. A Bimba Bosé, que trabajó con él en Nueva York en cuatro ocasiones, la primera le metió dos dedos en la boca, cuando quiso seguir, la modelo le dijo “hasta aquí hemos llegado, se  acabó el trabajo”  y se largó. No sucedió lo mismo con otra española, cuya identidad no voy a desvelar, de la que publicó una fotografía de rodillas frente a él , desnuda y embarazada de siete meses, tras recibir en la cara una notable eyaculación del fotógrafo. La chica perdió la campaña internacional de Armani, la oportunidad de lanzar su carrera internacional y sufrió un rechazo mundial. Así que estamos en lo de siempre, cada cual pone sus límites y, de  no mediar presión por parte alguna, todos son conscientes y responsables de sus actos.

Richardson ha firmado también vídeos, el más celebrado el de “Wrecking Ball” con una Miley Cyrus recatadamente desnuda, que no se ha pronunciado respecto a esta orden de alejamiento del nuevo apestado de la escena artística. Mientras algunas modelos se han posicionado contra el fotógrafo, otras como Daisy Love o Noot Seear se ponen a su lado, asegurando que siempre se trata de trabajos consentidos por mujeres adultas que conocen la naturaleza del proyecto y que lo firman al aceptarlo. En el Huffington Post, Richardson publicó que nunca había hecho “una oferta de trabajo de modo obligado, todos eran consultados y aceptados, y nunca tomé represalias si lo rechazan”. Alguna publicación se coloca al lado del artista preguntándose si pueden considerase abuso o extorsión cualquiera de esos actos. Curiosamente, las protestas proceden de modelos jóvenes y mujeres, no hay ninguna de hombres, que aparecen asimismo en actitudes ridículas, obscenas o simplemente estúpidas, aunque ninguna de carácter homosexual. Tampoco de personas maduras, hombre y mujeres en relajadas posturas habituales, aunque por supuesto desnudos.

Algunas de las modelos se han apuntado a la campaña #NoMoreTerry, que llama a boicotear todos los trabajos de un depredador sexual, como le define Alice Louis, una modelo de 18 años que culpa asimismo, y con buena parte de razón, a la industria de la moda por contratar este tipo de fotógrafos que inciden en determinadas situaciones en pos de la libertad de creación. Otra modelo se enfrentó a Richardson y le dio donde más duele, consciente o no de su escaso atractivo físico, a excepción de su dotación, la modelo danesa Rie Rasmussen le espetó que las chicas sólo se acostaban con él porque “eres un fotógrafo reconocido, tienes muchos contactos en el mundo de la moda y publicas en “Vogue”, pero lo que haces es completamente degradante”. Aunque ni eso parece que vaya a preocuparle, al menos así me lo parece.

Written by

Josep Sandoval

No comments

LEAVE A COMMENT

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.