A raíz de lo que les voy a contar he decidido incluir en el título de este post (artículo para los no iniciados), la palabra SEX, por dos motivos, el primero porque está en el título de la obra de teatro sobre la que voy a escribir; segundo porque, a pesar de lo que pueda parecer, todo el mundo sigue interesado por el sexo. Hablo de ello con Borja Rabanal, uno de los cuatro responsables del Eixample Teatre (que ha pasado de 30.500 espectadores a 55.018 en la temporada que nos ocupa), y es experto en estas lides escénicas que tienen mucho de magia. Me cuenta Rabanal que según las estadísticas toda función que contenga la palabra sexo en el título gana más pasta. Lo confirman unas informaciones habituales en el mundo del teatro conocidas como “espietas” donde se reflejan las recaudaciones de las salas de todos los ámbitos. O sea que el público ya no hace cola en la calle para asistir al Bagdad, para ver el arte de copular y otras acepciones,  pero sigue (muy) interesado en asuntos internos. Seguramente (seguro), que ahora esta admiración y/o  su recreación se ha hace de modo más discreto a través de las conexiones on line (las del Bagdad funcionan muy bien, económicamente hablando), o bien acudiendo a teatros donde se represente alguna función con referencias directas al asunto. Nuestra conciencia queda más relajada antes unos “Orgasmos” o «Túper Sex» por ejemplo, que contemplando un fornicio en directo. Como quedará también satisfecha con este “Sex Escape” (Escapa como puedas) donde bajo el pretexto de reír aprenderemos (más teoría que práctica, por supuesto) cosas nuevas acerca de eso tan interesarte que hace crecer el mundo, y nada de metáforas que estamos por la procreación.

Sigamos con los datos. Me sigue contando Rabanal que hay por lo menos cien espacios en Barcelona donde se practica esto del escape, pero ninguna dedicada al sexo. Me explico. La atracción, los Room Escape, consiste en ofrecer un espacio cerrado, mínimo una habitación, máximo una casa, en la que se encierra un grupo de personas (lo ideal son cuatro, pero depende de las dimensiones y la intensidad de la jugada) y en un tiempo limitado, el promedio es de una hora, y tienen que encontrar la manera de salir, el “Escape” del enunciado. Si lo consiguen ganan, y si les tienen que abrir, pierden. Suele costar unos sesenta euros de promedio alquilar un espacio para que cuatro personas se distraigan una hora, o esa que no está mal. Las hay de diversas especialidades, políticas, detectivescas, de terror, de suspense, de cine. Las hay de todo, menos de sexo insiste Rabanal (creador, entre otros, del Alexandra teatro, del Aquitania teatro y de Riuestiu del Pobre Espanyol), así que echó mano de su imaginación, que no es poca y se lanzó a escribir su primera obra de teatro sobre el tema, el lugar y sus circunstancias. De entrada sabe lo que hace, para quien lo hace y conoce su pretensión: es un juego de dos parejas donde deja suelta sus locuras, mejor dicho, las encierra entre cuatro paredes, para que a base de ir descubriendo (se) hallen no sólo la salida a ese laberinto erótico sino también la de su imaginación a partir de diversos artilugios que, como pistas para encontrar el escape, van cayendo en sus manos. Curioso que a pesar de la juventud del autor, el decorado recuerde una de las habitaciones de la Casita Blanca mueblé por antonomasia de la sociedad catalana, un «room» nada escapista sino todo lo contrario.

Adrià Olay, Arántzazu Ruiz, Dana Cáceres y Benjamín Montes en «Sex escape»

Es un juego hábil que a veces peca de una cierta ingenuidad, supongo que por exigencias del público al que va destinado, que no busca un psicodrama pornográfico sino lo que realmente le están ofreciendo: algo más de una hora, que es el tiempo que duran estas sesiones en la vida real. En este tiempo las dos parejas se irán manifestando tal cual son: cuatro almas de Dios, ni tan ingenuos ni tan cautos, ni tan avezados ni tan ignorantes. Las situaciones se desenvuelven con la impronta de que lo que van a ir encontrando parece que les sorprenda, algo a todas luces imposibles, pero la actuación de cada uno de ellos disfrazan el hallazgo con ingenuidad, como si desconociera, por ejemplo, el uso de un dildo. Hay momentos hilarantes, como el juego de las cajas con disfraz, que podría ir más allá pero se queda más acá por aquello del pudor. Y maneras de reaccionar de las féminas de la función que demuestran su dominio, de falsa ingenuidad, ante las propuestas de ellos, siempre también en otro más allá que también se queda en un más acá, y cuando vean la función sabrán porqué. Hay determinadas acciones que tal vez yo hubiera resuelto de modo más expeditivo, pero el juego de la verdad marca otros tiempos: la trampa de las luces, o el citado de los disfraces quizá habría que darles más brío, en especial si tenemos en cuenta el límite de tiempo de estos jugadores tan predispuestos ellos (a priori) y tan poco dispuestas (a priori también) ellas, no se sabe si a salir o a jugar a otra cosa.

La acción va in crecendo y la  exageración culmina con una explosión nada accidental que esperan todos los espectadores, menos el ingenuo protagonista, con su traje nada adecuado, recibiendo un inesperada aspersión procedente del manantial más adecuado para ello. Es probable que esto último tampoco lo entiendan, por eso tiene que ver “Sex escape” y si tienen iniciativa organicen uno negocio de estos. La audiencia está asegurada. Una obra de estas incidencias y consecuencias precisa de cuatro actores a los que no les asuste nada y sepan fingir esta (falsa) recepción del juego sexual con naturalidad. Están muy bien Arántzazu Ruiz, Dana Cáceres, Adrià Olay y Benjamín Montes, como esas dos parejas que van a divertirse y acaban informados, servidos y, uno de los cuatro, mojado, Todos al servicio de una locura con tiempo limitado que ha dirigido con ganas el propio Borja Rabanal. Es aquello que un cursi se atrevería a parodiar como encerrados con un solo juguete. Solo que aquí el sustantivo son muchos, variados y aún con la misma finalidad, de diversos usos. Vayan y sabrán porqué.

Written by

Josep Sandoval

No comments

LEAVE A COMMENT

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.