Para quienes no lo usamos, el pijama es una prenda inútil que estorba nuestros sueños, empaqueta nuestras pesadillas y arruga nuestras pasiones cuando los sueños son compartidos. Para los amantes del teatro, “Pijames” es el enredo que presenta el Eixample Teatre (Carrer d’Aragó, 140, 08011 Barcelona) en el que una pareja coloca el díálogo inconveniente a la hora en que debe aparecer el descanso diario. Esa hora del sueño, o del retoce, según el grado de pasión o el tiempo transcurrido, en el que ataviados con la ropa de dormir (para que se usará, insisto, una prenda para vestir y/o desvelar la intimidad?), altera las tensiones y magnifica acontecimientos de uso corriente. Ese es el problema de Laura y Albert, una pareja joven de la que no hay más datos, en la que se ha instalado la sombra no de una duda sino los inconvenientes de varias. Justo cuando aparece la hora del yacer les surgen a ambos las inquietudes. Vacilaciones acerca de si ese combate diario vale la pena cuando aparecen oscilaciones que hacen tambalear los cimientos de una relación no sabemos si matrimonial o simplemente arrecogimiento consentido. Con lo que sea, nuestra pareja se instala en un ring de pasiones nocturnas llamado cama, donde, gracias a unos elementos distribuidos con habilidad (y que a mi me recordaban los de “Yo me bajo en la próxima, y usted?» de Marsillach, con cuya estructura guarda una ligera similitud la escritura y el montaje), van apareciendo distintas eventualidades que cada uno por su parte interpretan como módulos de desconfianza y tímidos embriones traicioneros de una relación que se presenta estable en apariencia.

Karen Gutiérrez es «Laura» en «Pijames»

Laura y Albert se mimetizan para solaz del espectador en cada uno de esos siete protagonistas, causantes según ellos de una serie de dificultades capaces de poner en peligro una situación aparentemente normal pero que ellos tratan de alterar según sus estados de ánimo. Las situaciones son sencillas, sin apenas  problemas dramáticos graves. es decir que ninguno de los apuntes previos a cada uno de los planteamientos problemáticos supone ya el final de una convivencia, por más que el inicio de la obra, con los guantes de boxeo y los atuendos gimnásticos, amén de unas luminosas cuerdas de ring presupongan que vamos a asistir a un combate de pareja a cuatro manos con algo más de ingeniería dialéctica.

Rubén Yuste es «Albert» en la misma obra de Ferran González

“Pijames” es desde el principio un cuento amable, una historia sin grandes entresijos que desarrolla muy hábilmente Ferrán González, autor de otros cuentos de parejas con sus problemas como “Pegados”, y que él mismo ha dirigido. La historia es amable para que el espectador se distraiga, tiene ese punto ácido y la benevolente maldad de una pareja que, aunque se quiere, busca en los entresijos de cualquier relación ocasional del contrincante (estamos en un ring y con ropa de pelea), una aparente preocupación para dramatizar el más mínimo embrollo. Esta serie de continuos malentendidos están puestos en solfa por Karen Gutiérrez y Rubén Yuste, pareja solvente tanto en este típo de montajes alternativos como de otros de más apurada solvencia (como el espléndido musical “Sugar” o la articulada “39 escalones” que vimos en este mismo escenario). No hay problemas con el montaje de sus personajes porque están tratados con naturalismo puro duro, añadiendo un toque de caracterización a los personajes (catorce en total, siete por cabeza) que les toca encarnar en sus presuntas dudas. Ellos resuelven de modo muy positivo esta fábula de amor hermoso que termina, como es lógico, en un match nulo cuando la pareja descubre que a veces esas dudas de amor no hacen más que reforzar una relación que no necesita pijamas a la hora de ir  la cama. Y mucho menos unos guantes de boxeo ni accesorios pugilísticos de ningún tipo. Pero que si quieren usar “Pijames” ellos son muy libres, aunque en casos como estos aconsejamos que no.

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Josep Sandoval

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