“Perduts”, o como complicarse la vida

El teatro no deja ser fragmentos de la realidad, en cualquiera de sus acepciones, robados o prestados cuando parece que nadie mira o escucha. Estando en el grupo de teatro del Cercle Artístic Sant Lluc hicimos la prueba. Nos instalamos en una mesa del café Zurich, en plena plaza de Cataluña de Barcelona, colocamos un magnetofón sobre la mesa y empezamos a largar sobre temas que en principio eran improvisados pero que todos traíamos preparados de casa, una irregularidad que alteró la realidad, pero que se vio superada por la conversación de la mesa de al lado y que el magnetofón, de altísima sensibilidad, recogió fielmente. Dado el alto voltaje del tema que la pareja trataba (un hombre y una mujer de edad media que hablaban sin pudor de intimidades con terceros sin reducir el tono de su voces), no nos atrevimos a reescribirla. Poco tiempo después adaptamos unas historietas de “Tranches de vie”, el cómic de Lauzier, a las que él mismo nos dio el beneplácito y nos regaló los derechos de autor, aunque por diversas circunstancias (principalmente económicas), jamás llevamos a escena tras docenas de ensayos. Gratamente los Dagoll Dagom , al cabo de una par de años, con estas y otras historietas del mismo autor presentaron “Glups!”, un fantástico musical que superó nuestras expectativas. Estas historietas, extrapolando, eran algunos de los pedazos de vida que recogimos en el magnetofón del Zurich tiempo atrás y que seguían con la misma vigencia.

Viendo «Perduts» la otra noche en el Aquitania Teatre, reviví esa sensación, La de estar en un café, no uno sino varios días, escuchando como en la mesa de al lado, dos hombres, vestidos igual porque trabajan en la misma fábrica, con idénticas rutinas domésticas y sus habituales problemas, alteran sus vidas con ese juguete tan peligroso llamado sexo. En este caso como elemento perturbador a sus instintos básicos, el poder, o mejor la habilidad, tal vez la necesidad, de modificar sus costumbres al respecto echando valor e imaginación al asunto. Y aquí aparecen valores como la amistad, la confianza, el deseo y la complacencia de un intercambio no consensuado por ninguna de las partes contratantes y que les arrastra, vía comedia, a una situación complicada en su elemental sencillez. Joan y Lluis comen cada día, juntos, trabajan juntos, visten mismo mono de trabajo. Qué pasaría si en ese juego rutinario apareciera el comodín de las esposas como pieza insospechada del puzzle completo desde el día de la boda? Ni debemos, ni queremos ni podemos detallar el enredo, sería una faena para una puesta en escena de esas realidades de la mesa de la lado que no merece el autor. Ramón Madaula.

Reconozco que nada sabía de los anteriores textos del excelente actor (de “Terra baixa” a «Àngels a América”, pasando por “La mort i la doncella” o “Els bandits”), plagada como ven de títulos importantes y comprometidos para su época, pero sabía del éxito de sus “Adossats”, como autor, a partir del cual supe de “Ignots”, “L’electe” y “Coses nostres”, textos que espero conocer, leer o ver después de descubrirle en este “Perduts”. Esa historia de no excesivamente largo recorrido, apenas unos meses, en los que las vidas de esos cuatro personajes habituales en nuestro entorno se convierten en circunstancias alienas debida a una alteración de sus usos y costumbres surgidas al azar. En cierto modo el guión me recuerda, en algunas resoluciones, el modo con que Jordi Galcerán remata una secuencia para la que no hay otro medio que el impacto dialéctico. Soltar una bomba y desarrollar sus consecuencias. Las bombas de Madaula también están repletas de humor y lógica, nunca es la boutade absurda, sino la cruda realidad que no puede imponerse a la función porque para eso estamos en un teatro y en la escena los dos personajes no son nuestros vecinos, aunque pudieran serlo. De hecho, podríamos ser nosotros mismos.

Jordi Coromina y Xavier Bertrán en una escena de «Perduts», de Ramón Madaula, que también dirige el montaje

Para resolver esta (nada) inquietante trama alternativa Madaula cuenta con dos excelentes actores, a los que dirige con la mano sabia del que ha estado sobre las tablas defendiendo todo tipo de situaciones. Xavier Bertrán y Jordi Coromina, o Jordi Coromina y Xavier Bertrán, tanto monta, hacen de sus personajes estos héroes habituales, con sus uniformes, sus vídas, sus fantasías animadas animadas de ayer y hoy (de nunca) hasta que surge lo que surge. Y sus respuestas lógicas (o ilógicas, ustedes deciden) a los nuevos formularios que la vida les presenta a causa de una alteración de sus ratios. Se tiene que ser muy hábil, muy astuto y, en definitiva, muy  buen actor, para no caer en la trampa de hacer un personaje “habitual” como si fuera el señor de al lado, porque no lo es, aunque lo sea. Son personajes difíciles por la aparente facilidad de hacerlos cercanos y permitir que entremos en sus mundos de uniforme y banalidades hasta hacerlas atractivas para el espectador. Y Bertrán y Corominas están en ese estado que permite fisgar en sus vidas que nos ofrecen sin pudor, porque no hay nada que ocultar hasta que una realidad diferente les descubre que existe otro modo de vivir. Que por probar no pasa nada. O tal vez si…

Resuelvan estas palabras cruzadas en el Aquitania, porque les pasará la historia en un sorbo de vida. Y anoten las  sesiones, que cada vez es más complicado saber días y horas a causa de la proliferación de espectáculos en salas de pequeño y mediando formato, estas Pymes escénicas que tanto bien hacen por la cultura. “Perduts” está en el Aquitania los jueves y viernes a las 20.30; los sábados hay doblete, a las 18 y a las 21.25; y los domingos a las 18. No les defraudara, pasa el tiempo volando entre sonrisas cómplices.

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Josep Sandoval

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