Paris Jackson, concierto postoperatorio

Al parecer a la hija del rey del pop también le ha salido la vena canora, tras ser modelo y actriz, profesiones derivadas de su atractivo, su pedigrí y de sus followers en instagram, que ahora te contratan por ello. Paris Jackson, de indudable encanto a pesar de que sus próceres no destilaban ninguno, tiene un grupo, The Soundflowers, y ya han dado su segundo concierto a beneficio de una fundación, Fuck Cancer que recauda fondos para combatir la enfermedad. El escenario fue el de las Canyon Sessions de Los Angeles y, la verdad, había ganas de escuchar esta nueva intervención de la joven (20), en una aventura musical que comparte con un tal Gabriel Glenn, jovencito guapote con quien igual le inventan un  idilio, aunque está aún muy reciente el de la chica con Cara Delevigne, que esta juventud de hoy se enamora de quien les da la gana y no suele dar explicaciones, como debe ser. El éxito de la convocatoria no estuvo mal y se saldó con unos 50.000 dólares que buenos son. En el concierto se hallaba la abuela Katherine, madre de Michael y gran valedora de Paris, que como todos ustedes saben se quedó un tanto desvalida cuando papá murió y ella quedó a expensas de la madre, enfermera en excedencia, dos hermanos y un montón de problemas, hereditarios en su mayor parte, por resolver. Y el papel de la abuela fue fundamental, como lo es en general en cualquier parte del mundo: en ésta (Spain) sin ir más lejos son ellas quienes resuelven la logística cuando no la economía de sus familias.

Gabriel Glenn, Paris Jackson y Katherine Jackson (Instagram)

La  noticia no tenía más trascendencia que la propia generada por el carisma de su protagonista, así que sin apartarnos de ella, tenemos otro titular. El concierto fue el pasado sábado, pero una día antes la joven había sido intervenida quirúrgicamente para le drenaran un absceso del tamaño de una pelota de golf. Algo que ella no cuidó por miedo, a pesar de que iba comprobando como se desarrollaba. Paris, a pesar de estar asustada, decidió no recibir anestesia general y permaneció despierta durante toda una intervención que fue no demasiado larga pero dolorosa, Pero, con todo, al día siguiente se subió al escenario. Al final de la actuación la joven pidió opinión a la abuela, que le confesó que no había estado del todo mal, cosa que la puso muy contenta porque en pleno postoperatorio y con medicación, aún se pregunta cómo pudo subir, cantar y tocar la guitarra. Aprendió muy pronto de Fredy Mercury, aquello que, pase lo que pase, “show must go on”. Y eso la honra.

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Josep Sandoval

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