Paralel.lo, quo vadis?

Bajé hasta El Molino, en el Paralel.lo, y escribo bajé porque vivo en la parte de arriba de la ciudad, que no significa la parte alta. Lo aclaro porque escribir en público obliga a significarte cada vez que pones una palabra que pueda llevar a la confusión frente a todo aquel que se rebele aunque sea el deseo de unos buenos días en una lluviosa jornada. Pues eso, bajé. Se preguntarán porqué. Normal, No hay programación regular y no había nada previsto para esa fecha. Caminé hacia lo que en su día fuera arteria del espectáculo, donde la ciudad no dormía y las luces sustituían al sol para que siempre estuviera iluminado. En el Café Español (no se si ahora se llama así), al lado del Teatro del mismo nombre, ahora Barts, hay una espléndida fotografía con la acera a rebosar con cientos de personas ocupando las docenas de mesas sobre la acera. Bello recuerdo que demuestra que cualquier tiempo pasado si no fue mejor, al menos estuvo más concurrido. La imagen en blanco y negro refleja color de vida, eso que le negó el futuro a la avenida, olvidada hoy hasta por los autobuses turísticos que parecen haberla borrado de las rutas de la historia de esta aburrida ciudad que es hoy Barcelona, apenas una miseria, una propina de lo que fue. La culpa probablemente sea de quienes gobiernan, desconocedores de este puzzle que les ha tocado mandar y que no saben por donde empezar. No acuso a los de ahora, porque hace ya tiempo que la cosa se va desintegrando y la cada vez mayor aparición de siglas políticas (muy Versace, tentáculos de la misma cabeza de medusa), complica el asunto de modo proporcional a la vez que aumenta el número de políticos ávidos de no saber cómo lograr su objetivo, que no suele ser el avance de la ciudad, sino ver como aumenta la velocidad de crucero de su automóvil y su cuenta corriente. No les llamo corruptos, Dios me libre y si lo son que Él les perdone, ellos sabrán, pero sí desinteresados, inoperantes o, en el peor de los casos, sí son ignorantes de cómo resolver situaciones urbanas, que aumentan a medida que lo hace su capacidad para hacerlo. Alguien tiene idea de los líos que hay por resolver? El primero empieza en sus sedes: Generalitat y Ayuntamiento, enfrentadas hasta en su situación física, por no hablar de sus ideas e ideales (no es lo mismo, compañeros), que caminan al tresbolillo para procurar no tropezar y/o, en otro sentido, aplicarse el populachero refrán de que “entre bomberos no nos pisemos la manguera”.

Joan Pera, Jaime Albó, Paquito Pamies y Toni Albá, en el homenaje a Albó en El Molino

Entre unos y otros la ciudad se muere aún en plenitud de su belleza y juventud, tal es el caso de El Molino que podría ser el paradigma. Un local que guarda el espíritu de lo que fue, la esencia del music hall (aka burlesque, aka varietés), que se caía de viejo y era un peligro total (como ahora mismo también el Arnau, hogar de ratas y otras especies que ponen en peligro la salud pública), y que gracias a la iniciativa partícular revivió en estética, pero guardó la ética. A Elvira Vázquez, que está enterrando su vida en el pequeño, rojo, delicado. funcional y bello espacio, no esperen dedicarle una placa cuando la maten de desesperación: vuelquen AHORA su atención hacia ella y su negocio. Que es un negocio?, claro que lo es, como cualquier cosa en la que se invierte dinero para producir dinero, aunque en esta ocasión en beneficio de una ciudad en la que, y de la que, viven también los políticos quienes por cierto no invierten nada en el logro de unas plazas de trabajo que deciden el futuro de la urbe.
En esa búsqueda de oportunidades, Elvira Vázquez está tocando todas las áreas, insistiendo en los actos puntuales, presentaciones de libros, fiestas privadas, conferencias, todo lo que mueva las aspas y la caja de este Molino que no estaría bien desapareciera por desatención. Y a uno de estos actos bajé, aunque no es el más apropiado para hablar de negocio, porque fue un homenaje que se le ocurrió a ella, y que ella subvencionó con la inestimable, inapreciable, bienintencionada y fantástica aportación de Isidre Gironés, cuya aportación culinaria (Restaurante Isidre, carrer de les Flors, 12, Barcelona, cocina habitual de Woody Allen y familia en Barcelona), en forma de merienda cena, fue imprescindible.

El acto en sí consistió en homenajear a Jaume Albó, enigmático hombre del Paralel.lo cuya grandeza física y humana andan parejas. Es alto, desgarbado, utiliza colores vibrantes en sus chaquetas y las tapicerías constituyen el mejor de sus tejidos. Lleva corbatas, hechas exprofeso, con la imagen de Merche Mar, la incombustible vedette molinera, de quien se declara incondicional fan y a quien uno tiene como referente cuando tiene al hombre de frente porque te quedan a la altura de los ojos. Cuando Albó firma un acuerdo te da la mano, y es tan enorme y fuerte su gesto como cuando te abraza en el saludo, que suele acompañar con una  impactante sonrisa. Aunque debe estar harto de echar cables a gentes, nadie piensa nunca en él, ni siquiera ahora que cumple 75 años, los mismos que “su” Bodega Apolo de sus amores. Y que con El rincón del artista (justo al lado del Bagdad),  el programa televisivo “Toni Rovira y tu”,  y el desaparecido Danzarama (en Gran Via con Balmes), eran sus señas de identidad. Generoso hasta decir basta, era (y es) proclive a dar oportunidades a valores nuevos, sin importarle la edad: recuerdo una noche cenando con Jean Paul Gaultier en Danzarama, una casi debutante de unos ochenta años le dedicó una versión impecable de “La vie en rose”, que emocionó al diseñador.

Maruja Garrido en el homenaje a Albó, en El Molino, 3 / 2018

Pues bien, a Elvira se le ocurrió reunir a sus amigos para brindar por sorpresa por su doble cumpleaños y para agradecer su impagable presencia emocional en todo momento. Juan Pera, y Toni Albá, fantásticos amigos y enormes profesionales, fueron maestros de ceremonias de esta fiesta sin otro motivo que el emocional, y hasta se le escapó algunas lagrimilla a Maruja Garrido, la reina de Los Tarantos y la genética más potente que no recuerde de toda la historia del espectáculo. Aunque la mano derecha de Albó, el insustituible Paquito Pamies echó mano de su agenda, faltaron muchos, pero ni se les echó en falta ni se lo tendrá presente: en la calle caía el diluvio y cedo que jugaba el Barça. Y ante eso, se perdona todo. Bueno, Jaime Albó lo perdona todo. Yo, no.
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Josep Sandoval

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