De todas las soledades, la del mundo del espectáculo es la peor. Sumergido el actor en la función de hacer mejor la vida de los demás, esta entrega, entre culturizante, lúdica y sobre todo personal, deja vacías las arcas de sus sentimientos y sensibilidades, que se compensan en parte por los afectos personales y los aplausos del público, siempre un tanto reticente a la hora de compensar la entrega emocional. Y de todas las especialidades, la del sector folklórico es la más afectada, pues su embalaje de luz y color potencia ese oropel que engrandece las acciones hasta convertirlas en mágicas.

Pasar de la luz de los focos a la oscuridad tiene difícil arreglo, aunque en épocas de trabajo, que suelen tener frecuencias interrumpidas, estos altibajos son tan rápidos que apenas dan tiempo a darse cuenta: apenas termina el aplauso empieza el silencio, y así hasta que el ciclo va espaciando los tiempos y cuando se posiciona en el oscuro más  de lo debido empieza el deterioro que anuncia un final que nunca es de tragicomedia, sino de tragedia pura y dura.

Esto es lo que desprende de la biografía de Paco Alonso, bailarín de la España negra, víctima del oscurantismo de las persecuciones policiales por cuestiones de sexo, religión y política. Este “Paquito forever” que ahora nos ocupa es un hombre entregado al arte, posiblemente en minúscula, aunque lo trabajase con la mayor de sus ilusiones e inquietudes. Paco Alonso viajó y bailó por el mundo, vivió acciones y situaciones posiblemente envidiables que se potenciaron de modo extraordinario en sus experiencias laborales de Nueva York y en Las Vegas. Partícipe de grandes producciones, habiendo pisado el radio City Hall y otros lugares emblemáticos, la vida le iba alejando de su familia, básicamente su madre, referencia eterna de estas almas humildes nubladas por el fantasma del éxito a la luz de las candilejas.

Tras esa experiencia vital irrepetible y hasta cierto punto envidiable, el regreso a España. en concreto a Barcelona, le coloca en el “Flor de nit”, el musical de Dagoll Dagom donde, por casualidad, uno de los retratos dibuja un personaje muy similar a sí mismo. Acude al casting, medio canta, medio baila y a mitad de su recitado, el autor Vázquez Montalbán grita desde la platea que ese es el actor que necesitan, “él” es el personaje. Y se queda con la compañía con la obra y en dos series televisivas, en el transcurso de la segunda fallece su madre. Se rompe el cordón umbilical con la vida y Paco muere poco tiempo después.

Joan Vázquez como Paco Alonso en «Paquito Forever»

El personaje sedujo a Joan Vázquez (premio mejor interpretación masculina en los Premios de teatro Musical del 2018), y lo arrancó de la obra para, convertido en spin off, presentarlo al público como el héroe irrefutable de la función. Fran Arráez escribe el libreto, las letras de algunos temas, y se responsabiliza de la dramaturgia junto a Frank Capdet; Gerard Alonso firma las partituras y le acompaña al piano; Roser Batalla, el propio Vázquez y Capdet firman algunas letras; y dirige Victor Álvaro. El espectáculo triunfa en el Almería Teatre y hace gira en Londres en el West End a Live at Zédel, el cabaret de Picadilly, que es Joan Vázquez el único actor español en pisar escenarios como el citado, y en Nueva York, donde actuó en el Feinstein’s/54 Below i Metropolitan Room, con un espectáculo sobre Sondheim que estrenó en Luz de Gas de Barcelona y llevó al Nuevo Teatro Alcalá de Madrid.

Este “Paquito Foverer” se incluye en la programación del ciclo Onyric dirigido por Daniel Anglés en el Club del Teatro Condal de Barcelona, todos los martes hasta el 13 de noviembre en que realizará una versión en inglés. Un texto que es un recorrido personal y laboral, festivo y triste, siempre emocionante, que alterna canciones y monólogos, excelentes partituras ambos que suenan bien en un espacio que tal vez no es el adecuado para una función bien resuelta. Aunque es de agradecer que la proximidad del actor con el público permita recoger ese abanico de sensibilidad que es su trabajo, esa delicadeza descriptiva que emana de su cuerpo, de unos brazos que tienen la versatilidad de los abanicos que escribió Pemán para Lola Flores y que dibujan en el aire paisajes de una vida. La identificación es tal que se te olvida que es Vázquez quien te la cuenta porque toda la función ves a Alonso, el “Paquito Forever” que pide a gritos un espacio más adecuado y un microfonado que no se lo pise el piano.

Written by

Josep Sandoval

No comments

LEAVE A COMMENT

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.