Niño de Elche, otro de los nuestros

“El Partido Comunista es totalitario, jerárquico y conservador. No tiene nada que ver con el comunismo religioso. Es otra cosa. Yo he estado a algunas cuestiones del comunismo, pero me he encontrado a más gente cercana a mí en círculos libertarios como tiendas ecológicas o asociaciones de derecho animalista”. Copio directamente las premonitorias declaraciones de Francisco Contreras Molina (Elche, 1985) hace un par de años a El País. El Niño recogía anoche el XI premio Christa Leem instituido por el lobby “Uno de los nuestros” ideado por el agitador cultural barcelonés Joan Estrada. Se denomina Lobby pero podría ser perfectamente una peña formada por una colección de chiflados -de toda procedencia y profesión, pero del mismo credo-, que en lugar de utilizar danzas regionales como elemento recreativo, usábamos la palabra como medio de expansión. Muy probablemente muchos de ustedes, amables lectores, no sepan que este grupo (la asepsia de la palabra resulta útil, aunque cool), se formó hace 16 años a raíz de un cierto desencanto sociocultural que atravesó la ciudad de Barcelona. Desafortunadamente no hubo salida y este bache que hoy atravesamos no es más que el producto de la mala gestión de unos dirigentes dispersos, cuyas ambiciones contemplaban unas metas no aptas para las soluciones colectivas, sino para complacer intereses individuales. Un puñado de años después, este loco colectivo sigue con sus reuniones mensuales para aumentar el número de agitadores otorgando un premio que lleva el nombre de nuestra musa transgresora, Christa Leem, porque en el fondo todos somos un poco Christa aunque sin el coraje para desnudarnos  del modo que ella lo hacía. Lo gastamos todo en textos, ideas para resolver estos crucigramas, siempre paisajes con palabras, que siempre puede sonar a cobarde porque nada más fácil que echar a la mar barcos de papel. Por eso necesitamos cada año señalar a alguien con el arrojo de echar al aire sus cometas y sus dardos, todas esas ideas nuestras, surgidas de una necesidad de arreglar la vida partiendo siempre, como dice nuestro chiflado mayor, de nuestra visión progresista de la vida, “una posición humanista  a favor de los derechos humanos, la educación libre y la cultura, con una visión social centrada en las virtudes de la política, siempre en plan participativo y en el ejercicio de las libertades, desde el compromiso y la solidaridad”. Serrat, Baltasar Garzón, Patti Smith, Ian Gibson, Miguel Poveda, Marcos Ana y Javier Pérez Andújar son algunos de estos personajes que han recogido este reto, que en el fondo es lo que es esta máscara, que diseña Pilar Villuendas, un arma para seguir en el combate.

Y este años ha sido el Niño de Elche a quien hemos compensado por su entrega especial al ejercicio de una profesión en que ha roto costuras y ha dejado al viento el cuerpo del delito. Fusión sería la palabra, maridaje también me vale, comunión sería asimismo válida para el trabajo de este flamenco que desde hace (pocos) años, está revolucionando todo lo que toca. Un hombre que sorprende en redes donde rasga una guitarra con deseo, el mismo que pone en sus conciertos, donde comparte con Martirio, reza frente al Gernika, o en el reina Sofía. Composiciones como “Voces del Extremo”, elegido mejor disco del 2015 por la asociación profesional de Periodistas Asociados Musicales, o como lo es “Antología del cante flamenco heterodoxo”, le han llevado a romper escenarios como el del Festival Guitar BCN 2018 o el del Sonar del año pasado.

Rosana Torres, que presentó al artista dijo de él que “que tocaba la guitarra a los ocho años, cantaba a los nueve, ganó su primer premio a los 10, a los 18 compuso una soleá con letras de un rapero y a sus 33 años ha revolucionado ese arte después de una decena de discos”, todo lo que le ha facultado para considerarse un exflamenco, que lee poesía y filosofía,

“Le interesan todos los pensadores”, insistió Rosana Torres para definir a un cantaor que admira a Nati Mistral, Lola Flores y Francis Bacon: “Mi vida la resumo en dos, cuando hacía flamenco clásico y cuando cambié de filosofía, con Francis Bacon”, dijo el Niño al que la periodista calificó como  “libre, dulzón, intelectual, rompedor, disidente, abstencionista y reflexivo”. Una delicia de hombre, agradecido y complacido tanto del galardón como de los textos de Torres como de Pérez Andújar, otro maestro que en su glosa hizo interactuar a los niños del mundo, desde Billy, el Niño al Niño de Elche pasando por el lazarillo de Tormes, toda una elegía para un país, el nuestro, del que nos descubrió a nuestros verdaderos padres, Indíbil y Mandonio, los ransgresores mesetarios más eclécticos por antonomasia.

Joan Estrada, Carmen Vernoff y el Niño de Elche

Unas palabras que diseñaron una velada entrañable, también sin corsés ni normas, en la que se repartieron rosas rojas (era la noche de Sant Jordi) y en la ciudad hervía la pasión por leer, mientras la audiencia se repartía entre premios literarios, la apertura de la Bridal Fashion Week y un reconocimiento a la divina Ana Belén. Dudo que en ninguna de ellas se rozara el nivel de humanidad, ruptura, sinceridad, amistad y frugalidad (aperitivos meloso de carne y helado con fruta), como en la que nos ocupa. Y donde, rozando el surrealismo, se vieron algunos galgos, sí, galgos, a causa de una sociedad a la que apoya Joan Estrada ajena al lobby, por supuesto.

El Niño de Elche con su trofeo Uno de los nuestros

Fue una noche loca por sí misma, simpática y llena de dolor solventado con la pasión de vivir. Carmen Vernoff, 97 años, y madre de Christa Leem, recordó que ese mismo día la artista (fallecida en el 2004 y a cuyo entierro apenas acudió un mínimo porcentaje de sus enloquecidos aduladores), hubiera cumplido 65 años. Y el propio Estrada saludó a dos mujeres con la sonrisa del recuerdo: Carme Puig Antich, hermana de Salvador, una de las veteranas del lobby, y Lucila, a la que llamó dos veces viuda, porque fue pareja de Pepe Rubianes y luego de Carles Flavià: “es la viuda negra, alejados de ella”, bromeó. Y reímos todos, como lo hubieran hecho los interesados si es que desde alguna parte ojalá lo estuvieran viéndo.

Luego mareé al Niño haciéndole posar aquí y allí hasta agotar su paciencia. No había para menos, pero creo que disfrutó. Nosotros, más. Búsquen. Escuchen y ya nos comentarán.

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Josep Sandoval

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