Nadie es perfecto, excepto «Sugar»

«Nadie es perfecto», muchos de ustedes recordarán esta frase que cierra la comedia de Billy Wilder «Con faldas y a lo loco» (Some like it hot). En la ficción, el octogenario multimillonario Osgood Fielding III (Joe E. Brown) finiquita así una surrealista petición de matrimonio a Daphne, en realidad el músico Jerry (Jack Lemmon), cuando éste le desvela su sexo real. Lemonn se quita la peluca y en el más varonil de sus tonos le grita :»Soy un hombre», ante un nada sorprendido Brown, que le replica la sentencia citada.

 

La película fue un celebrado éxito comercial que tuvo su correspondiente versión teatral, «Sugar», en Broadway en 1972 con Robert Morse y Tony Roberts como Dahpne y Josephine los dos músicos que se ven forzados a cambiar su identidad y convertirse en integrantes de una orquesta femenina tras presenciar, accidentalmente, como unos mafiosos cometían un asesinato. A pesar del éxito, la obra no llegó hasta el West End londinense hasta veinte años más tarde.

 

Fue gracias a los esfuerzos de la productora catalana Som-hi films que nos llegó la función hasta Barcelona. Los tres componentes la misma son asimismo responsable de la parte artística: Pau Doz es el director; Bernat Hernández el director music y Laura Olivella la coreógrafa. Tras presentar la obra en el Eixample Teatre,  el Tívoli les ofreció la oportunidad de  representarla durante cuatro semanas que, vista la respuesta del público, han debido prorrogar una más. Así que desde el miércoles dos hasta el domingo seis tienen oportunidad de ver una pequeña gran joya del teatro musical. Tuve la suerte de coincidir el pasado sábado con dos estrellas de la escena, Josep Maria Flotats y Mont Plans, que aplaudieron entusiasmados como el resto del respetable una impecable representación que desprende, y ese es uno de sus méritos, la misma energía que el primer día.

 

La puesta en escena es magnífica, soportada por diez y ocho actores que cantan y bailan, y cinco músicos que interpretan la partitura con una agilidad contagiosa. «Sugar» es un estupendo espectáculo. un equilibrado montaje que evita el calco de los clichés de la película, aquí todos los actores dotan a los personajes de su propia identidad. Y gusta, y es de agradecer, que cada cual tenga la edad que representa, que estamos hartos de ver a «jóvenes valores» que apuntan maneras en roles protagonista o principales. Por poner un ejemplo hablemos de Pep Cortés como el millonaria de la celebrada frase, ágil y fresco como el que más.

 

 

En ciertos momentos el montaje me recordó, salvando las presupuestarias distancias, el de «Balas sobre Broadway» que vi en Los Ángeles,  por su agilidad, dinamismo, temática, coreografías y vestuario. En este «Sugar» los actores están brillantes, desde la «Sugar» del título, tan exquisita como atractiva Bealia Guerra, con aire de Marilyn sin ser copia de Marilyn, hasta Rubén Yuste como Joe y Josephine, hasta llegar a Xavi Duch que se lleva el gato al agua con su Jerry y Daphne que es puro torbellino. Con ellos hasta el último del reparto. Con una dirección apurada en su justa locura de Pau Doz, la dirección musical de Bernat Hernández, y las deliciosas coreografías de Laura Olivella, este «Sugar» es la muestra de lo que debe ser el buen teatro musical: bien actuado y bailado, bien vestido, todo debidamente ajustado, cada cual en su puesto y con el vigor y entrega como los de esta admirable compañía.

 

Un espectáculo que reivindica que se pueden hacer montajes dignos porque se cuenta con profesionales para ello, que conocen su trabajo y lo sirven de modo dúctil y excelentes métodos para divertir al respetable de una manera inteligente. El domingo se van, así que apuren.

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Josep Sandoval

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