Mozart, atracción sensacional

No se si les gusta Mozart, a mí sí. Siendo un amante de la música en general. es mi favorito junto a Sondheim, naturalmente cada un en su tesitura pertinente. Reconozco que me gustan en estado puro y cualquier experimento que se anuncia usándolos de base me da pánico. Así que afronté el “Breaking Mozart” del Barts (sala, teatro?) y su descompensada e inhóspita platea con cierta inquietud. De entrada las mezclas y/o deconstrucciones no me habían aportado nada nuevo, así que ante un par de jévenes, un piano y las pantallas de fondo (a ves 35, otras 45), me puse en guardia. Reconozco que me gustó que usaran la sonrisa, una cierta ironía y las buenas maneras para presentar el espectáculo y a sus participantes. El aire desenfadado era como desnudar a Mozart de la ampulosidad que cualquier principiante a que se acerque a los clásicos teme afrontar. Fuera miedos, parecían decir aquel par de jóvenes vestidos de manera casual fuera del disfraz, incluso lejos de un vestuario de teatro. Era como si pasasen por allí y se hubieran subido al escenario, así, sin más.

Cartel de «Breaking Mozart», que se representa en el Barts

Pronto empezó la función, y las sorpresas agradables se desencadenaron sin tiempo de tomar aire. Las notas templadas, las cantatas, los solos, las arias, los monólogos de personajes se deslizaban por la escena. Ya fuera con el piano del virtuoso Christoph Hagel o en inspiradas grabaciones que nunca traicionaban al genio. Sólo que esta vez estaban más cerca del público, su lenguaje era asequible, servido por una compañía tan ágil como amena (laos bávaros reyes del breakdance DDC), que pusieron en marcha un dispositivo en forma de carrusel del que era no ya difícil sino imposible bajar.

Era una delicia escuchar y ver como composiciones reverentes se revolvían en sus compases para hacerlas brillar como acompañantes de lujo a una manera distinta de reescribir unas partituras casi sagradas. En la escena, un Mozart de ocasión (excepcional), con zapatillas, cedía su protagonismo absoluto a su música mientras él aceptaba diversos roles en cada uno de los momentos de la función. Tan pronto era un árbitro en combate de amor, como cupido o mediador entre funciones, siempre con el amor por bandera. De todo hay en “Breaking Mozart”, skechtes divertidos la mayoría, con un planteamiento nada solemne que propicia un acercamiento al compositor. Me pareció también una obra didáctica, ideal para pequeños porque su sistema docente, mostrar las composiciones de un modo tan asequible, es la mejor manera de aprender amar a Mozart.

Una de las escenas de «Breaking Mozart»

Sobre la escena seis hombres, dos mujeres, un pianista y una extraordinaria soprano, Darlene Ann Dobisch, cuya parte de la Reina de la noche de “La flauta mágica” se llevó la enésima de las ovaciones de un público que no dejó de aplaudir durante todos los números interrumpiendo la representación. Para hacer más comprensible este acercamiento pongo un ejemplo usando el tema cantado por Dobisch. “Die Zauberflöte» es un singspiel del que “Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen” que canta la Königin der Nacht. Todo podrá sonar a ampuloso, difícil de digerir, pero la traducción facilita la comprensión: “La flauta mágica”  es una pequeña obra de carácter popular  similar a la ópera cómica francesa, y el personaje, la reina de la noche canta su aria increíble, “La venganza del infierno hierve en mi corazón”. Del mismo modo que la lectura en español facilita la comprensión de los textos, la versión “masterizada” traduce la partitura y su plática puesta en escena nos hace que amemos a Mozart, o empecemos a quererle si alguna vez tuvimos reticencia. Este Mozart solemne pierde los papeles, pero no la dignidad, gana adeptos a través de los movimientos (me resisto a llamarles danza, aunque lo sea), de breakdance, de street style, bailes urbanos que conjugan, o la compañía hace conjugar, a la perfección. Un desparrame de adrenalina, vida en estado puro. Y todo sin perder la sonrisa, ni en las acrobacias ni en los más difíciles ejercicios que se desenvuelven. Una historia mozartiana donde priva el buen humor y la sonrisa acompaña las sensaciones.

Una pena que la compañía sólo tenga cuatro días para este regalo para los sentidos a los barceloneses. Un show absolutamente recomendable: en segunda fila Christo, uno de los Vivancos -que hoy han volado a Los Ángeles para intervenir en un reality que reúne a las mejores atracciones de todo el mundo-, se mostraba satisfecho por haber sido esta vez espectador de una especialidad en la que él y sus hermanos tan buenos momentos nos han regalado. Yo iría, es más, yo volveré a este fantástico «Breaking Mozart».

Written by

Josep Sandoval

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