Miss Dalí, la sensibilidad del monstruo

Ventura Pons es un hombre de cine. Le he contado veintiséis películas desde aquel inolvidable “Ocaña, retrat intermitent” que en 1978 supuso un repulsivo en todos los aspectos y nos descubrió un cronista social en celuloide. Desde 1989 mantiene, con algún desajuste, la actitud de realizar, al menos, un filme al año, y al siguiente tuve ocasión de conocerlo mejor porque me dio un cameo en “Que t’hi jugues Mari Pili?”, una divertidísima comedia bien acogida por la crítica y que logró una excelente taquilla. A pesar de que rodamos un caluroso día de verano, un cruel agosto, en un edificio acristalado donde no podía ponerse el aire acondicionado para no interferir el sonido directo que se utilizaba en el rodaje, mis secuencias se resolvieron con un par de tomas cada una. Algo debió no gustarle a Pons de mi “actuación” porque en su siguiente rodaje, “Aquesta nit o mai”, me ofreció un papel muy concreto que terminó en manos de otro sin ni una llamada de por medio, aunque siempre creí que no era por una cuestión de calidad de “acting”, sino porque el “otro” era más popular que yo.

Ventura Pons en el cine Texas, presentando “Miss Dalí”, 4/2018

Políticamente comprometido con la actitud catalana sus películas las rueda en ese idioma, aunque son dobladas al castellano para su distribución española, mientras que en sus proyecciones internacionales (tiene presencia asegurada en docenas de festivales de todo el mundo donde suele recibir premios), se proyectan con banda sonora original y subtítulos en inglés, idioma que domina a la perfección. Hombre de mundo, autor de sus historias, guiones, productor y director, utiliza la lengua del paisaje y la de sus personajes conformando un ambiente cosmopolita y cultural que hacen inclasificables sus filmes por localizaciones, sino reconocibles por sentimientos y sensibilidades, aquello que da forma a la vida. Lo que cuenta Pons suele ser universal, se trate de una pequeña historia de amor entre la taquillera de un cine y un obrero de la construcción, o la de un afamado pianista, su manager y un rendido admirador.
O puede ser, como en el caso que nos ocupa, esta intromisión a la vida de Dalí a través de su hermana, Anna María, Miss Dalí que es el título del filme que se estrena este viernes. La ficticia visita que ésta recibe a los pocos días de la muerte del divino sirve para organizar una trama de vida, lujo, obsesiones, deseos, pasiones, sexo, ambición, poesía y locura que se desgrana en dos horas y cuarenta y cinco minutos, el tiempo mejor aprovechado en la sala de un cine en estos últimos tiempos. Una película singular donde vibra el paisaje, el Empordà preside y Cadaqués reposa en unas cuidadísimas y casi mágicas imágenes en las que dos mujeres intercambian sensaciones y recuerdos. Una es real, Anna María Dalí, la otra, Maggie, es la amiga británica fruto de la imaginación de Pons, que las reúne para reconstruir en Cadaqués su adolescencia en Cambridge donde tuvieron tiempo de compartir vivencias, la más importante de ellas, la trayectoria de Dalí. Y recordar con el monstruo allí al lado, enterrado en su museo, la historia de una familia entre guerras y pasiones con el megalómano histérico histriónico omnipresente como eje inductor y sujeto activo y paciente de toda la trama.
En el filme, Maggie aparece para darle a Anna María el pésame por el fallecimiento del artista. A partir de ahí se van abriendo y cerrando cajas donde fotografías, anécdotas, la historia y el correr del tiempo fluyen entre palabras, miradas, manos que acarician sensaciones, paseos entre azules bravos (el cielo, el mar), y esa colmena de vida donde el pasado es blanco y negro, y el presente puro color, a pesar de que quizá la alteración de ambas cromas hubiera sido más acertado: el color para el tiempo de felicidad, juventud, adolescencia, amor, experiencias; y dejar el gris para la soledad del momento, para ese ahora que trae en su descapotable la amiga de Cambridge al volante con sus guantes de cabritilla.

Pons trabaja con el desencanto de Anna María, con la tortura de esa soledad de cuarenta años en que los hermanos dejaron de relacionarse, destruyendo ese triángulo a lo Jules et Jim, entre Anna María obsesionada por Federico (García Lorca): Federico que ama a Salvador (Dalí); Salvador sublimado por el amor a sí mismo y obsesionado por Anna María. El cineasta dibuja un teatro concreto, no hay florituras, ni idealizaciones banales. Ni siquiera obsesiones sexuales, y si las hay están tratadas con exquisita elegancia aún en los momentos en que la vulgaridad de un diálogo condicionado por la situación (Dalí y Lorca desnudos sobre la cama) cuestiona la finalidad del placer y el dolor (físico) homosexual.

Ventura Pons y parte del elenco de “Miss Dalí” en la presentación del filme

 Pons ha desgranado la compleja historia del genio por todos sus paisajes de éxito, emociones y dudas que nunca quiso ver y que solucionaba con respuestas tan absurdas como abstractos eran sus surrealismos, a veces fruto de una imaginación recurrente o una impotencia que reducía sus actitudes a siembras de inquietudes sin sentido. Delirante en algunos momentos, el filme no pierde nunca el rumbo ni el norte. No balbucea en neblinas biográficas y es puntual cuando debe serlo, sentenciando un guión que avanza y retrocede sostenido por un dúo de actrices maravillosas, Siàn Phillips y Claire Bloom, la hermana y la amiga, cuyos diálogos en inglés son placer de los sentídos: escucharlas y entenderlas es otro de los regalos de la cinta. Pero hay más, el más importante la pléyade de actores, fruto de un casting que ha reunido a lo mejor de la escena catalana (algo habitual en Pons). Desde Josep Maria Pou a Joan Pera, de Marta Angelat, Carme Sansa, Mario Gas o Vicky Peña a Mercé Pons: en papeles de largo o corto recorrido están hábilmente dirigidos, aunque precisen de pocas indicaciones. Con ellos dos sorpresas. El excelente Joan Carreras, un Dalí desafectado en su constante imbecilidad y que resulta fácil de parodiar, pero muy difícil de interpretar: y José Carmona, cuyo Lorca es otro prodigio de equilibrio entre emociones y sensaciones, también complicadas de resolver. Y un elegante ejemplo para los caracteres de Amanda Lear, Gala, el capitán Moore, y demás troupe del circo Dalí y sus obsesiones amaestradas, una delicia de cine, una lección de sensibilidad a partir de un monstruo.
Written by

Josep Sandoval

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