Lupita Nyong’o, nueva víctima de Weinstein

Lupita Nyong’o ha contado a  The New York Times el acoso que sufrió por parte del magnate del cine Harvey Weinstein. Se convierte así, por el momento, en la última en reconocer los abusos del depredador que ha intentado abusar de todo tipo de aspirante a actriz que caía en sus manos.

La versión de la actriz de “12 años de esclavitud” por la que ganó un Oscar, no difiere en mucho de lo que les pasó a las demás. Una cita en casa del productor, el pretexto de un masaje, unas manos fuera de lugar y una huída por parte de Lupita, que le dejó con los pantalones en la mano.

Rose McGowan y Ashley Judd fueron las primeras de una lista que incluye también a Ashley JuddLea Seydoux, Eva Green, Rosanna ArquetteHeather Graham, Cara Delevigne, Mira Sorvino, Elizabeth KarlsenKate Beckinsale, Angie Everhart, Minka Kelly, Louisette Geiss, Sean Young, Jessica Barth, Lauren Sivan, Emma De CaunesJudith Godreche. De todos modos los nombres más célebres son los de Angelina Jolie (que le dejó con un palmo de narices, juró no volver a trabajar más con él y advirtió a sus colegas de los métodos de Weinstein) y Gwyneth Paltrow, qué hizo otra película con él y ganó un Oscar por “Shakespeare in love”. Penélope Cruz, que también trabajó para él, se quedó sorprendida por la noticia, asegurando que nada le hizo sospechar del abominable comportamiento del magnate, algo parecido a lo que opinó Meryl Streep, para quien Weinstein dejó de ser un dios para caer en lo más bajo.

Aunque todo Hollywood había oído hablar de ello, el escándalo se desató tras el reportaje de Ronan Farrow en The New Yorker, acusando a su padre Woody Allen como autor de presuntos abusos a su hermana Dylan -hija también del cineasta y Mia Farrow-, cuando ésta tenía siete años. Hay quien interpreta el reportaje de Ronan como una venganza contra su padre y la industria de Hollywood, que rechazaron publicar nada acerca del asunto que escribió en mayo del 2016 cuando Allen estrenó mundialmente su filme “Café Society”.

Harvey Weisntein ha entrado voluntariamente en una clínica de rehabilitación por adicción al sexo, pero no se lo toma muy en serio. Llega tarde a menudo y se duerme en las sesiones: de hecho es la alarma de su móvil lo que le despierta, lo  atiende saliendo del aula, y contándole a todo el mundo su inocencia, asegurando que todos sus encuentros fueron consensuados.  Y cuando le increpan asegura que se trata de una conspiración contra él. En el centro le permiten todo tipo de facilidades, incluso si quiere dormir fuera de casa o disponer de un consultor personal para una terapia. De hecho todos dan por sentado que pronto dejará las sesiones y seguirá tratamiento con un terapeuta privado.

Mientras el sector femenino ha hecho piña contra Weinstein, el masculino ha tardado en reaccionar y su actitud no deja de ser un tanto aséptica. Hay quien le defenestra automáticamente, como Mark Ruffalo o Christian Slater; George Clooney que asegura no haber notado nada extraño en su conducta; o Matt Damon y Russell Crove, a quienes Jessica Chastain acusa de haber hecho retirar un artículo que ya contenía elementos de juicio negativos para el productor.

Suena extraño la sorpresa del “scoop” periodístico, máxime en un mundo como el del cine y en un una ciudad donde se acuestan miles de jóvenes con ambiciones de estrella y se levantan poniéndose el mandil para ir para trabajar de camareros en una hamburguesería. También resulta extraño que este tipo de acciones les resulte chocante a una industria que ha tenido el escándalo llamando a la puerta día sí y otro también. No vamos a hacer historia acerca de los desmanes sufridos por estrellas de todo tipo, ni de la ocultación de las tendencias sexuales de sus héroes más significados para no estropear sus carreras. Sobre todo, unos negocios basados en hacer soñar, distraer al elemento humano que conforma y sostiene una sociedad sobre la que bailan los poderosos: siempre te harás rico con los pobres, y haciéndoles soñar, mucho más rápido.

Resulta sino dudoso sí poco comprensible que las víctimas de Weinstein, todas mayores de edad y en pleno uso de sus facultades mentales (si hay violación o abuso de menores retiro absolutamente lo escrito), no supieran el peligro que conlleva aceptar un masaje, contemplar una ducha o permanecer sentada más de un segundo frente a un señor que se masturba. Si este señor tiene la facultad de convertir en estrella a la sujeto paciente, quién aceptaría una presunción de inocencia por parte de esas aspirantes a pisar alfombras rojas y llevarse un Oscar a casa? Mucho tiempo ha estado la noticia en barbecho como para vender ahora como escándalo unas sucias escaramuzas sexuales con las que un no menos sucio todopoderoso  pretende obtener unos favores sexuales de una pobre chica ávida de colgar el delantal de camarera para enfundarse en cualquiera de los exclusivos vestidos de noche de Marchesa, la firma de ropa de Georgina Chapman -la sensacional y simpática señora de Harvey Weinstein (estuvo en la Roca del Vallés y es un encanto)-, una de las cosas que ha perdido Harvey por su afición al sexo furtivo y pasajero. Y a tenor de las denuncias muy poco, o nada, consumado. Desposeido de esposa, cargos directivos, con sus proyectos anulados, Harvey es hoy un pobre hombre rico señalado por todos hasta el próximo escándalo. Aviso a feministas de pro: NO es NO y una mujer puede decirlo cuando quiera, pero por prescripción facultativa es mejor decirlo con antelación para no ensuciarse el pedigrí con la porquería del instigador.

Todo esto no es nuevo en Hollywood. Qué me dicen de los hijos secretos? de ls aventuras de Chaplin? del acoso de Hitchcock a Tippi Hedren, la suegra por unos años de Banderas?  Y así docenas más. Sin ir más lejos, la versión masculina del mismo acoso. Les remito una historia local. Hace unos años, coincidi con un simpático vividor -famoso tanto por sus escasas luces como por su poderosa dotación que exhibe sin pudor- en un plató de televisión, donde él iba a ganarse unos miles de euros contando sus historias sexuales con actrices reconocidas con las que se había acostado.  Le pregunté para cuando la misma historia pero detallando sus aventuras con hombres, que también fueron su sustento una época.  “Cuando termine de gastar el dinero que gane esta noche”, me dijo tan fresco.

Datos para los no iniciados, Harvey y su hermano Bob son fundadores y propietarios de las productoras Miramax y The Weinstein Company, que han aglutinado 300 nominaciones a los Oscar y ganado 80 estatuilla

 

 

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Josep Sandoval

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