Hubo fiesta grande en la ciudad, que ya era hora de verla vibrar como en los mejores tiempos olímpicos. Ha sido preciso un aniversario comercial, los 175 años de Santa Eulalia, la casa del estilo por excelencia, para devolvernos una urbe colorista y festiva, elegante y culta, sin sombra de soberbia pero con todo el orgullo que le  proporciona la condición de haber sido una de las mejores del mundo. Gracias.

El evento contó con un complejo equipo creativo que surgió de It Comunicación, atendiendo las inquietudes de las cabezas visibles y propietarios de la firma, Luis Sans y Sandra Domínguez, impulsores de este bellísimo ejercicio que aunó historia y vida, costuras y patrones, música y luz, reuniendo lo sacro y lo profano para conformar el más bello ejemplo estilista de lo que debe ser una celebración.

Muchos nombres propios fueron convocados para la realización de esta ceremonia popular, el primero el del multidisciplinar Antoni Miralda, una celebridad en la materia desde que el Internacional, que fue el bar de tapas más famoso de Nueva York en la década de los ochenta, le convirtió a él y a su mujer, la gastrónoma Montse Guillén, en pioneros de lo que sería la regencia lúdica de Barcelona en el mundo. Sus proyectos «Honeymoon» y «La boda de Colón y Miss Liberty» les consagraron luego como los locos más arriesgados performers del mundo. Naturalmente, era cuando Barcelona marcaba estilo, antes de que la decadencia se apoderase de su sensibilidad.

Con base a la historia, la religión y tradiciones folklóricas de amplio espectro, Miralda organizó en Barcelona un paseo a medio camino entre la procesión y el desfile de modas que partió del Plà de la Boquería, primera sede de Santa Eulalia, hasta la actual en el Paseo de Gràcia, diseñada por el arquitecto neoyorquino William Sofield. Empezó en el mismo lugar donde según la tradición la joven Lucía, de trece años, fue torturada y quemada, a los trece años, por orden del emperador Diocleciano. Dice la leyenda que al morir cayó una intensa nevada que convirtió el cuerpo en níveo instante, en el que su alma, en forma de paloma blanca, escapó de su boca.

Todo ese recorrido estuvo salpicado de simbología, partiendo de las aspas de la cruz donde murió la santa, y que forman parte del emblema de la firma hasta terminar en el Vestido de Luces, en formato gigante sobre la fachada de la actual sede en paseo de Grácia, cuyo alumbrado culminó con una alegoría en forma de nieve que, alternando con una fina lluvia real, acogió el vuelo de cincuenta palomas blancas escapadas de la instalación lumínica creada por Josep Maria Civit con una trama de pixeles LED, 50 patrones y 20.000 leds.

Fachada de Santa Eulalia en su 175 aniversario

Para celebrar a los dos patronos barceloneses, esta instalación podrá contemplarse en la fachada de Santa Eulalia hasta el 23 de abril, Diada de Sant Jordi, iluminándose cada tarde durante quince minutos a las 20.30 horas acompañada de la banda sonora creada para este aniversario. Además un ejemplar del videoarte que ha realizado Miralda al respecto será depositado en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

Los casi tres kilómetros de este desfile fueron cubiertos por 80 músicos y 150 estudiantes de diversas escuelas de teatro, danza y diseño, que configuraron la Comitiva de Cien Patrones figurativos inspirados en vestidos icónicos de los 175 años de Santa Eulalia, ampliados y adaptados en versión libre y abstracta.

La iconografía de los patrones ha personificado la evolución de la empresa: de la evolución de los tejidos a la sastrería, de los uniformes laborales a los vestidos de gala, y de los desfiles de Alta Costura a la venta online. Asimismo, los patrones han encarnado el espíritu de cada época y las distintas personalidades y oficios que Santa Eulalia ha vestido a lo largo de casi dos siglos. Esta pasarela conceptual, ceremonial y festiva, ha estado encabezada por una banda de música que ha interpretado una pieza creada especialmente por el saxofonista y compositor Nil Mujal.

La fiesta tuvo su cénit en los Jardines del Palau Robert, donde jugando con distintos estilos musicales e interactuando con los sonidos de la banda de músicos de la comitiva, el cantante de rap Zèsar Martínez (Zinkman),  reinterpretó en versión funky los Goigs a Santa Eulàlia, que narran la leyenda y el martirio de la santa. Luego tomaron la palabra Luis Sans, en catalán y su esposa, Sandra Domínguez, en castellano, acompañados de sus trillizos, Bruno, Félix y Lorenzo. Como de costumbre han estado breves, concisos, elegantes, tales son las señas de identidad que derrocha todo el equipo de Santa Eulalia, lugar donde uno se siente atracción preferente de la amabilidad más exquisita. Una enorme cantidad de videosaludos de proveedores y amigos de la casa, enviados desde todo el mundo, precedió a un pastel gigante, otra creación de Escribá, presidido por un dedal de más de un metro de altura, que puso el punto dulce al evento, en el que no faltó el cava, Gramona esta vez. servido en unas copas sorpresa: al llenarlas se iluminan, con lo que el brindis fue una nube de pequeñas luces en la recuperada noche barcelonesa.

Clientes y amigos sacrificaron el inicio del fin de semana para acompañar a la familia de Santa Eulalia. A pesar de la nocturnidad, brillaban presencias como la de Alfonso Rodés y Clara Riera, Helena y Cristina Guardans, los hermanos Castañer, Ignacio García Nieto, Manuel Outumuro, Lázaro Rosa-Violán, los condes de Godó, Nino Lisinicchia, Bartolomé Masoliver y María Ventós, Carlos Martorell, Gloria Ventós, Alfonso Maristany y Maribel Rocafort, Manolo Carreras, Tomás Tarruella y Paula Ospina, Josep Cusí, Javier de Benito, Sergio Ferrer Salat, Carlos Hartmann, Gonzalo Rodés e Irene Vidal,  Jordi Rabat y Eva Palao, Xavier Trías, Carlos Godó, Ramón Ajenjo, Jaime Malet, Jordi Miarnaum José Luís Nueno, Mercedes Solernou, Xavier Rubert de Ventós. Y un etcétera de la más alta gama, porque si son amigos de los Sans, están en la mejor lista de la ciudad.

 

 

 

 

 

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Josep Sandoval

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