La Fermata, tercer punto de encuentro

En este impasse urbano que nos llevará a la desidia por el aburrimiento propio de la falta de decisiones, surge un nuevo punto de encuentro, La Fermata, que es  eso, una cita lúdico gastronómica para empezar de nuevo y afrontar ese desastre que se avecina. Y  al final de todo (después del 21/12), lo que tenga que ser, si tiene que ser, pues que sea pero con el estómago feliz y la digestión en su punto.

Esta es la tercera Fermata, tras la iniciática en Major de Sarrià, encima de la plaza Artós; la segunda en Provenza entre Rambla de Cataluña y el Paseo de Gràcia, y ahora llega esta tercera, en el número 1 de Calvet sobre la Travesera de Gràcia. Un negocio, con la pizza como base, que manejan a las mil maravillas los hermanos Soldevila, Rafa y Elena, más Tomaso Brezzi, marido de ésta, y Sofía la hermana pequeña que está estudiando fuera  del país. Son los vástagos de la familia Soldevila Vilallonga, Rafa y Eva, gentiles, simpáticos, generosos y emprendedores empresarios cuya habilidad para las relaciones públicas está más que probada. Son un encanto en estado puro.

Huelga decir que la calidad del producto es excelente y que han ampliado su servicio, que ahora abarca del take away, caterings y delivery hasta ese mismo punto de degustación de unas pizzas que son bocato di cardinale, por ponernos a la hora de la parte italiana que toca a la familia. El nuevo lugar es mínimo, aunque ayuda a rentabilizar el negocio una agradable terraza, esa especie en peligro de extinción según las teorías del Ayuntamiento que toque. Si al que manda (país, ciudad, municipio o pueblo) le gusta pasear, ampliará y potenciará aceras; que le gusta el transporte público pues nos hará un tranvía. Aunque luego el que mande no vaya a pié ni a buscar el pan y se mueva por el asalto con coche privado y con chófer. Así es la vida… de los políticos, claro.

La noche de apertura obvio decir que el local se llenó, aunque con diez personas hubieran tenido suficiente. Pero desde las seis y media, hora de la convocatoria hasta pasadas las diez el aforo en los alrededores  fue más que notable. Con una audiencia que copó todas las edades, pues la convocatoria estaba hecha tanto por los próceres, propietarios entre otras bellezas del hotel Majestic, hasta la parte joven que rige el establecimiento. La mezcla de edades era perfecta, con una unidad de estilo cuya pauta podría marcarla la imparable Julia Reger Suqué, hija de Isa Suqué y Ed Reger, y nieta de Carmenchu Mateu y Arturo Suqué, ahí es nada. Por la parte senior, la ovación se la lleva el matrimonio Mariano y María Puig, una maravilla de señores, cuya exquisita manera de ser es algo que ya no se estila.

Entre ambas generaciones, toda una pléyade de apellidos, desde Silvia Riera, que ha vuelto a vivir a la Barcelona que se rindió a su belleza cuando voló a Madrid.  No sé si ha elegido el momento adecuado, pero me parece oportuno ante la fuga de empresas de la ciudad, celebrar el regreso de la más bella ilusión. Desde ella hasta Miquel Espinet y Tere, su fantástica señora, pasando por una pareja de encantos, Àlex Corretja y Martina Klein, que pusieron de largo a su hija, Erika, que durmió santamente sin incordiar, norma que al parecer sigue en casa. Son una maravilla de jóvenes, tan discretos como guapos, tan majos como la imparable sonrisa de Martina. Estaban dos Cristina deliciosas, Puig Doria y Castañer; Leo Solanes, la rubia directora; Andrés y Núria Soldevila con su hijo mayor, Andrés; Maite Ormaolea y Eduardo Soldevila, Sylvia e Imma Ribas; Cala Grifoll; Antonio y Nuria Alcaraz; Laureano y Olga Fernández Cruz; Teo Camino, Guille Barri, la fantástica María Rosa, la abuela de la casa, que está realmente espléndida, y un ilustrísimo etcétera.

Todos dieron buena cuenta de docenas de pizzas de notables dimensiones (60×40 cm.), entre las que triunfaron las de foie con compota de manzana, pasas y piñones, las de rovellons, calabaza y panceta, y las mini hamburguesas con cebolla caramelizada y queso de cabra, sin olvidar las de Nutella, que fueron postre ideal.

Un evento con el que la ciudad retomó las ganas de recuperar el tiempo perdido, de volver a llenar bares y restaurantes, cines y teatros, es decir, volver a vivir, que de eso se trata.

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Written by

Josep Sandoval

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