Karmele y su alegato contra la prostitución y la trata

Se ha celebrado en Barcelona el el Mobile World Congress (MWC), que ha traído a la ciudad a unos cien mil  visitantes extras colapsando hoteles, restaurantes y lugares de relajación sexual. La ciudad ha podido con todo, incluida la ausencia de Cabify y Uber, las empresas de coches privados que ante la falta de decisión municipal han emigrado a otros lares dejando la urbe a la altura de cualquier municipio tercermundista. Pero en lo que no hemos fallado ha sido en la importación temporal de putas que, con todo, no habrá hecho disminuir la tasa de desempleo porque se trata de economías, más o menos, sumergidas. Hasta un 30% más de las que se estima hay en la ciudad (cómo habrán conseguido los datos?) que han llegado de todas las procedencias para satisfacer al consumidor que entre tanta tecnología quiso dar suelta a ese elemento entrometido que habita en las braguetas de los asistentes al Congreso, porque el 90% son hombres. Esos datos últimos los recojo de un matinal televisivo cuyo nombre no reproduzco para no sonrojar al equipo emisor, sorprendido tanto por el habitual trasiego en estas ferias como por los espectáculos en vivo que se ofrecen al respecto en una ciudad inútil para resolver este tipo de actividades alegales (como no deben ser ilegales el término me parece aceptable). También me sonrojo porque también ignoran que muchas de estas putas hacen turné por ferias y congresos y algunas venían del Foro de Davos, aunque allí sólo acudieron tres mil congresistas, eso sí de los más ricos del mundo: habría que verlas pelearse por el cliente más magnánimo.

Magda Oranich en la presentación del libro de Karmele Marchante

Putas, lo nuevo, lo viejo, lo eterno. El comercio del cuerpo y los eternos dilemas, el negocio, la presa, el proxeneta, la necesidad, el vicio, la falta de educación. Los dilemas que nadie sabe como resolver y, si saben, no pueden afrontarlo. Como las drogas: todos saben todo, nadie hace nada para erradicarlas a gran escala, que es como debe contarse el problema de raíz.  Y por el camino van cayendo como moscas seres humanos, básicamente hombres jóvenes desinformados, despistados, decepcionados mientras el negocio (retomo la prostitución) , que debiera ser perseguido, sigue caminando anunciándose con neones, panfletos y en todas las redes: hasta en canales de televisión.

La peor parte de este universo se la lleva, como siempre, quien tiene menos que perder porque no tiene nada. Mujeres pobres, jóvenes niñas en algunas ocasiones, que son víctimas de redes que las explotan para deleite (ya me contarán quien disfruta con ello) mientas las cifras de consumo sorprenden por millonarias a partir de servicios de tarifas a veces misérrimas. No me refiero a la que elige ser puta por comodidad, sino aquellas que son obligadas a ejercer la prostitución, aquellas que aparecen en el libro “Puta no se nace”, escrito por Karmele Marchante y editado por LoQueNoExiste, que se ha presentado en la librería Alibri de Barcelona escoltada por la exquisita abogada Magda Oranich que realzó el texto de la colega periodista, y Jaume Collboni, candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, el apolineo político catalán que no desaprovecho la ocasión para hablar del programa de su partido al respecto.

Jaume Collboni también acompañó a la autora de «Puta no se nace»

Karmele, libertaria, feminista, catalanista de pro, es una mujer dura, tenaz, incisiva. Trabajamos juntos un año en un programa de la televisión balear que se fue a pique por cuestiones presupuestarias y políticas porque, para dar un aire cosmopolita lo hacíamos en castellano, catalán o mallorquín, y usando la lengua del invitado. Pero no se puede ser así, algunas miras se limitan a una vocación unidireccional, y tratar de trabajar una cultura con distintos idiomas altera a los estrechos de mente: aberraciones de este calibre deben ser condenadas y expatriadas. Karmele es constante y, aunque a veces puedes pelearte por el enfoque de sus postulados, nunca lo harás por la magnitud de su empeño y constancia. Por eso su denuncia, que lo es, resulta no estremecedora, sino exultante, diría que brillante sino fuera por la tremenda realidad que encierra el texto. Corren citas amargas de nigerianas subastadas en pos de aumentar esas caravanas de proxenetas que comercian con sus casi infantiles cuerpos, transacciones donde intervienen a veces las propias familias para poder subsistir. O en esos otros espacios como el triángulo Calais-Dunkerque-Bruselas, cuyo campo de refugiados es asimismo crisol para estas mafias que reclutan mujeres.

Situaciones dramáticas, revividas con dolor, rabia y furia en el incontenido verbo de la periodista que añade reivindicación a un problema viejo como el mundo e imparable porque nadie puede detener ese marea inhumana que no es sino una cadena de contradicciones, maneras de satisfacer deseos carnales que se escapaba a toda lógica y de las que las mujeres son víctimas sin remisión y sin que nadie ni nada sea capaz de poder (quiero pensar que querer sí hay quien quiere) detener una barbarie de incontrolables consecuencias. Ojalá el libro de Karmele sirva para concienciar aún más a todos aquellos en cuyas manos está el poder solventar el problema. Que no es nimio, ni nuevo. Sigue siendo cruel y desgarrador, pero parece que mientras siga dando dinero en cantidades industriales sus vías de solución se manearán obstruidas porque no habrá gobierno que pueda con ello.

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Josep Sandoval

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  • Enhorabona Karmele

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