Isabella Rossellini y su zoo filosofal

Decía Hitchcock que no se debería trabajar nunca con perros ni con niños. Tras haber experimentado con la vida sexual de los animales a través de un  espectáculo multidisciplinar, “Bestiaire d’amour”, basado en su serie de cortos “Green Porno”, Isabella Rossellini se atreve, no con uno, sino con dos que le sirven para organizar un circo donde “interpretan” un amplio surtido de animales que mezcla con teorías filosóficas, del lógico Aristóteles al cartesiano Descartes pasando por el conductivismo de Skinner.

“Link Link Circus” se titula el experimento que Rossellini ha presentado esta mañana en el Teatre Akadèmia,  donde se estrena mundialmente el miércoles con todo el aforo vendido para ocho únicas funciones. Y apareció Isabella fiel a su cliché de los últimos años. Cara de manzanita sin colorear, sonrisa ingenua, estilismo masculino y abrigo a la japonesa, pelo a lo garçon y un maquillaje a lo Frances McDormand, o sea sin. Sonriente y con un perro en los brazos sobre cuya identidad aún conservo dudas. Porque puede que sea Pan, como el personaje con el que comparte escenario; puede que sea Minnie (apodada la Streep, por Meryl), que realmente actúa en la obra y que es toda una estrella desde que protagonizó “Annie” en Broadway; o puede que sea Darsy, adoptado como el anterior en una perrera en EE.UU. y que figura como standby del protagonista. Tiene un envoltorio mágico Isabella que hace que todo lo que toca desprenda un polvillo de seducción ensoñadora. Debe ser el síndrome del hijo del famoso y que como Victoria Chaplin, su marido Jean Baptiste Thierrée y más tarde sus hijos Aurèlia y James, nos sedujeron con su Cirque Imaginaire. Isabella lo hará desde otra pista, también imaginada, repleta de juguetes, un adiestrador y un perro, salpicada de textos, firmados también por ella y que recitará en inglés con subtítulos en catalán. Reflexiones para puntualizar teorías como la de Darwin que demostró “la vinculación física entre los animales y los humanos y una continuidad mental y emocional que las teorías actuales confirman”.

 

Así, con ironía, el trabajo de Rossellini explora los puntos concordantes, emocionales o racionales, entre hombre y animales. Aunque esta vez sin tocar el tema sexual que aparecía en su primer trabajo: “Allí traté el asunto de cintura para abajo, ahora lo hago de cintura para arriba.” Puede resultar curioso, cuanto menos interesante, esta nueva aportación zoologica-filosófica de una mujer cuya experiencia personal la ha llevado a disfrutar de una vida repleta de emociones compartidas con personalidades como Martin Scorsese, David Lynch, Gary OldmanJon Wiedemann, que fueron maridos o parejas por años. Con una filmografía que incluye todo típo de películas, pero con algunos títulos inquietantes de por sí, como “Blue Velvet”, que por poco le hace perder el suculento contrato que la unía a una firma cosmética, que luego la despidió por ser mayor, para volver a ficharla por la misma razón. Isabella vive tranquila, su rostro muestra una felicidad que le aporta estar apartada del mundanal ruido, gozando de su granja de Long Island. Allí organiza sus trabajos y sus días, alternando sus profesiones, modelo, actriz, cineasta, y, sobre todo, la de escritora, que es lo que más le apasiona en este momento. Dice que tiene millones de visitas en sus páginas de internet, y que los cortos dan prestigio, pero tampoco dinero, “Así que, pensé, haré teatro donde la gente tiene que pasar por taquilla”. Trabaja ocasionalmente, como en el montaje que sobre su madre, Ingrid Bergman, organizó Guido Torlonia, director artístico del Teatre Akadèmia, y que supuso el inicio de esta obra que nos llega ahora donde cuenta además con alguien muy especial en escena (perros aparte. Se trata de Schuyler Beeman, entrenador de perros y titiritero, fundamental en el montaje, y un hombre peculiar enamorado tanto de las ovejas como de los espectáculos de Broadway en varios de las cuales ha participado. Curioso: Woody Allen lo estudiaría en cualquier filme.

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