Imma Colomer como Victoria Abril en el “Prime Time”

Ayer, en pleno diluvio, me acerqué a ver “Prime Time” en la Sala Muntaner de Barcelona. La razón principal es que la protagonista es Imma Colomer -iba a escribir vieja conocida desde los inicios del Teatre Lliure-, pero por favor olvídenlo, porque precisamente la obra habla de eso, del tiempo que huye dejando en nosotros distintas consecuencias. Imma celebró sus 70 años con el estreno de la obra, que parece le ha escrito a medida Núria Casado, donde interpreta a una famosa actriz catalana que tras 40 años protagonizando una teleserie de éxito (algo parecido a “Days of our lives”, la serie americana que en enero de este año presentó su episodio 13.000!),   deciden suprimir su personaje pues parece haber perdido el beneplácito de la audiencia. Al cambiar su horario  de emisión a “Prime Time”, es decir a horario estelar, un guionista recién llegado opta por matar el personaje de Imma. Sin que quede especificado, la aparición de una hermana gemela de la desaparecida, que interpreta lógicamente la misma actriz, logra no sólo remontar sino superar la popularidad del serial y la suya propia: es entonces cuando ella decide dejarlo todo. La vida, su vida, le proporciona la venganza adecuada pasando de ser víctima de las circunstancias a ejecutora de su destino.

Los setenta son una edad difícil para cualquier actriz (lo es ya a partir de los 4o), en especial en televisión, donde la juventud arrasa con todo sin importan vocalización, dicción o técnica. A excepción de los chavales de “Merlí”, (donde es buen actor hasta el niño León Martínez pero no es extraño porque es hijo de Marc Martínez), cualquier imberbe convierte en ininteligible sus líneas. En cine el problema no es tan grave (aunque lo es), siendo el teatro el que ofrece más posibilidades para todo tipo de edades. Pero no siempre es así, a excepción del genial Pep Cruz, los aguerridos piratas de “Mar i cel” estaban en primero de bucanero.

“Prime Time” es una de esas oportunidades para una mujer como Imma que defiende el personaje desde fuera, y esa es virtud del director, Óscar Sánchez H., y no se limita a hacer un biopic tragicómico con su esqueleto. Imma “es” Glòria Arán, estrella de “Gent de sort”, otro juego entre “sort”, suerte, y Sort, el pueblo del Pallars Sobirà, donde una celebrada administración de lotería, La bruixa d’or, suele repartir la suerte en el sorteo de Navidad. Esa es la pirueta virtud del montaje, que lo que le pasa a Glòria no es lo que le pasa a Imma, aunque sea lo mismo.

Glòria defiende sus posiciones con entereza, con el cuerpo y el alma en perfectas condiciones, exhibiendo una lucidez y un talante, un aspecto y un empuje inscritos en líneas generales de comportamiento y no en ejercicios extremos. Glòria en esta segunda participación como la hermana gemela de la difunta, se ve obligada a hacer todo tipo de ejercicios malabares, escenas de cama, violencia, paracaidismo: una puesta a punto que exige en cada episodio demostrar que está en perfecto estado de revista. Y eso acaba cansando a la actriz que la cuarta temporada de “demostraciones” absurdas decide plantar el trabajo. Algo impensable cuando unos años atrás eran los demás quienes querían prescindir de ella. Imma está en ese punto que puede hacerlo todo, sin tener que demostrar nada a nadie.

Victoria Abril vive en París donde protagoniza una teleserie desde 2010

Me quedé pensando que lo que le pasa a Glòria, le pasa a Imma. Y a otra vieja amiga, Victoria Abril, que a sus 58 años tiene saturación pero al contrario. Ella ya lo ha hecho (casi) todo frente a la cámara y ahora sus planteamientos son distintos. Instalada en París con su pareja, el fotógrafo Nico y sus dos hijos, Félix y Martín, habidos de su relación con el cámara Gérard de Battiste, está en una encrucijada. Le ofrecen proyectos que no puede hacer porque su trabajo en una serie, “Clem”, la mantiene atada con el viejo truco del vil metal. Lleva así desde el 2010 con el mismo personaje, Caroline, al que, por cierto, también le ha pasado de todo. Cada vez que intenta abandonarlo le suben el sueldo. Consigue, no obstante, algunas concesiones que le permiten rodar algunas cosas cortas, ofrecer rectales de sus “Putcheros do Brasil” en países cercanos y participar en otras series en calidad de colaboraciones. Ella no está muy de acuerdo en este planteamiento, pero la estabilidad económica es fundamental en una profesión de riesgo como es la de ser actor (o actriz, ahora que se puntualizan tanto la cuestión de los sexos). Con su trabajo televisivo, Victoria (y familia) puede respirar tranquila. Debe pensar que en arte ya lo ha demostrado y, como es lista, ya se las apañará para ir haciendo cosillas como hasta ahora, que no vean como le gusta a la niña (que lo es) , el “Prime Time”.

 

 

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Josep Sandoval

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