«Flashdance», la música y la vida

Por una breve temporada que finaliza el 22 de abril se representa en Barcelona el musical “Flashdance” basado en la película del mismo titulo de 1983, siendo esta producción de Sellador Worldwide la primera vez que se representa en España. La obra tiene un largo recorrido por los escenarios del mundo desde su estreno en Plymouth (Inglaterra) en el 2008, si bien no sería hasta dos años más tarde que con su debut en el West End londinense alcanzaba su lugar en el mundo. Curiosamente la obra no llegó a los escenarios de Broadway, pero estuvo cerca, pues se representó en la ciudad de Utica del condado de Nuevo York desde donde inició una gira por EE.UU.

A pesar del tiempo transcurrido la historia sigue apasionando al público joven que llena el teatro Tívoli de Barcelona por dos motivos fundamentales. El primero las ambiciones de la protagonista Alex Owens (gentil Chanel Terrero) en escapar del mundo de la siderurgia, donde es especializada soldadora, hasta llegar a ser admitida en la prestigiosa Shipley Dance Academy  hacia donde dirige todo su potencial artístico que desarrolla bailando en un club nocturno; al mismo tiempo logrará el amor de su jefe, Nick (apuesto Sam Gómez). Por otro lado la grey joven vibra con los bailes que en una continua espiral te conduce por la historia, donde la habilidad de la coreógrafa Vicky Gómez ha realizado un tremendo max mix fusionando los ritmos de la época en que transcurre la acción con los más trepidantes del momento. Se aprecia que el público pertenece en gran parte al gremio artístico pues conoce, distingue y aplaude todos esos sones a lo street dance que deambulan sin descanso por la escena. Todo ello dirigido por J.C. Storm, que ha cuidado asimismo de la adaptación castellana de la historia.

El perfecto recorrido de la obra obliga a personajes a cambiar de escenario continuamente y para ello es preciso que la escenografía se mueva a gran velocidad y se reconozca ya sea en la fábrica, el club, o los interiores de las escenas más íntimas. Para ello cuentan con un gran aparato escénico presidido por dos enormes escaleras que conforman las bases de los decorados, a los que presta singular atención una cuidada y oportuna iluminación para situar las múltiples acciones, y donde cuenta con especial magnitud la espectacular secuencia con que se cierra la primera parte (ver foto).

Espectacular escena final de la primera parte de «Flashdance»

Uno de los puntales de la obra es sin duda la música, que sigue fielmente el montaje original y que está interpretada por una banda de ocho músicos (dos teclistas, violinista, guitarra, bajo, batería) que interpretan en directo temas originales que formaban parte del filme como “Gloria” (que popularizara Umberto Tozzi), “Maniac”, “I Love rock ’n’ roll”, “Manhunt” y por supuesto el popularísimo tema estrella “What a Feeling” que lanzó mundialmente a Irene Cara (y/o viceversa).

Un montaje atractivo, compacto, servido por una compañía joven de 22 componentes que elaboran un complejo entramado actoral musical resuelto con habilidad y una buena disponibilidad para una historia de superación. Suena a cuento a ritmo de rock, pero la historia de Alex y su resolución frente a la vida, más el añadido de su historia de amor, completa un guión que de tan perfecto suena a falso. Pero gusta contemplar espectáculos musicales donde la abnegación de una juventud potente inunda la escena. Reconforta y complace el show, dinámico, vibrante, espectacular en algún momento, que llena el Tívoli de unos espectadores tan entusiastas como entusiasmados. O al menos así se ven al final de la función.

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Josep Sandoval

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