El orden de los factores

Estuve viendo “Factor X” en Telecinco. Supongo que sabrán que se trata de un concurso de artistas, aspirantes a la fama, que creen disponer de ese algo que les convierte en especiales. Gentes que tengan ángel, aquel atractivo que los ingleses llamaron “knak”, por la película de Richard Lester, y los franceses “allure” el perfume de Chanel. Una especie de Lola Flores, la única, de quien cuenta la leyenda que The New York Times describió “ni canta ni baila, pero no se la pierdan”, algo parecido a lo que exigían para ser una vedette, que no tenía que bailar ni cantar, sólo estar “muy buena”. Una norma válida hasta que Pepe Buira convenció a Bárbara Rey, fina estilista,para que fuera cabeza de cartel de la revista “Barcelona es Bárbara” en el teatro Victoria de Barcelona y se echó al traste la definición. A pesar de todas las publicidades, “Factor X” es como cualquier otra competición de talentos, llámese “Operación Triunfo” “Got Talent”, “La Voz” o “La Voz Kids»: un anónimo muestra sus cualidades ante un jurado y permite que éste dictamine si sus habilidades son suficientes para pasar a la siguiente fase, y así hasta llegar a la final, donde les dan un dinero (y la gloria relativa) a cambio de un draconiano contrato por el que ceden a la productora la explotación de sus virtudes hasta que se agotan. Como eso depende de ese otro factor X que es el público, cuyos designios no tienen norma fija, pues en un par de años el que figura como “el artista” en la parte contratante ya está listo para ser sustituido. Sobre todo este montaje no si escribir si es triste o miserable. En primer lugar porque a pesar de los miles de aspirantes a estrella nadie llega con una maqueta de algún formato nuevo nuevo como su particular “factor x», por lo que todo lo que vemos son franquicias o “parecidos razonables» a los programas originales que se ven por el mundo. La parte más cutre del asunto me lleva hacia el concursante que acepta, consciente o no de la muestra de su talento, la valoración de una serie de presunta expertos cuyos másters en la especialidad artística ofrecen tantas dudas como el de  la señora Cifuentes.
Para empezar “Factor X” no es sólo la idea, sino el espacio. Quien haya visto los originales, producidos por Simon Cowell -cerebro capaz de inventarse grupos de la nada como hizo con cuatro descartes de su “Britain Got Talent”, efebos sin causa, para forrarse como One Direction que duraron un soplido-, habrá comprobado que son iguales las estancias enormes que ocupan los aspirantes en sus interminables esperas, que hay un río alrededor, y que la frialdad arropa el entorno con inusitada crueldad. Por si fuera poco emotivas historias acompañan a algunos concursantes, como la huerfanita a la que cuidaban sus abuelos y una vez muertos estos ella se ocupa de una tía imposibilitada; el cuarentón a quien la vida se le ha puesto del revés, o la parejita gay que rompieron por el exceso de partituras y ahora renuevan rencores coincidiendo por casualidad en la sala de espera para la fama. Novedades, ya ven, muy pocas o ninguna. Bueno sí, el jurado. Aquí lo forman Laura Pausini, que ha vendido setenta millones de discos y le cae bien a todo el mundo; Fernando Montesinos, bajista de Obús, letrita, arreglista y productor musical; Xavi Martínez, director y presentador de “Lo + 40”; y el inefable e infalible Risto Mejide, el malvado de las gafas negras, cuya experiencia al respecto es haber sido jurado en otros programas similares y estar experimentado en la humillación innecesaria. También se le acusa de haber tratado de promocionar a su favorita (la que estaba más buena) en uno de esos concursos donde ejerció de humillante, sin que pasara absolutamente nada: hay alguien que se acuerde de Labuat (Virginia Maestro)?. Como publicitario que es la quiso hacer triunfar con la pronunciación de “la boite”, pero ni eso era nuevo porque ya existía otra cantante llamada Gàbia porque actuaba en Muts («muts i a la gàbia», en catalán mudos y a la jaula). Reclamo inútil, pues ni de la una ni la otra nada de nada.
 Con ese talento especial para descubrir, valorar y promocional tan defectuoso, Risto es el jurado más ofensivo para esos pobre que acuden al programa para cubrir la cuota de engañados de sí mismos, pero que no obstante merecen premio por haber sorteado una eliminatoria previa que les permita acceder al Gran Jurado. A veces creo que esa es la venganza de quienes cuidan las previas, enchufar a estos carentes de talento para fastidiar al jurado y reirse de ellos al tiempo que les facilitan víctimas propicias para ser sometidas al degüello emocional
“Factor X” tiene la presunción de ser la mejor copia del original, pero bienvenidos sean mis imitadores, en este caso mis franquicias, porque de ellas serán mis defectos. En este mundo desconcertante y desconcertado donde el trabajo escasea, que no las ganas de trabajar, el principal perjudicado es el sector juvenil, a la deriva entre tantas nuevas profesiones. Así que, Por qué no creer que tenemos un factor X en cualquier parte de la anatomía y corremos a enseñarlo por televisión? Igual les caen bien. Prueben, no importa.
Share Post
Written by

Josep Sandoval

Latest comments
  • Muy Bueno, como siempre. Como todos tus artículos. Da gusto leerte.

  • Que suerte haber nacido hace tiempo y no tener la media que ahora nos rodea. no hubieramos llegado a ninguna parte. Tu amigo, alfredo.

LEAVE A COMMENT

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.