El Molino, femenino y feminista

Este marzo han tenido un mes muy feminista en El Molino. Uno de los puntos fuertes ha sido el Festival “Calladitas estáis más guapas”, capitaneado por Sil de Castro y Jéssika Rojano, que ha llenado todas las sesiones obligando a la compañía a prorrogar el show durante el mes de abril en funciones de sábado a las 20,30 horas. La fórmula es trepidante y en apariencia sencilla, reunir una colección de monologuistas (el día que yo lo vi había una docena), con intervenciones breves presentadas por Sil y Jéssika, dos auténticos ciclones que aportan asimismo su buen hacer a una fórmula que goza de buena salud y riesgo meditado: si lo bueno es breve vale doble si es exquisito multiplica su valor. Y eso es lo que hicieron las actrices, cada una en su estilo, cada cual en su frecuencia y con el temario adecuado. Racismo, provocación, diferencias hombre mujer y, por supuesto, sexo. De todo hubo en una muestra ágil, sin fisura, de enloquecido ritmo que hizo volar las dos horas largas del show entre a carcajada y la reflexión, la fiesta y el desenfreno.

Jéssica Rojano en el festival de El Molino

Tiene gracia Sil de Castro, valenciana ilustre a quien ya conocimos en este mismo escenario cuando impuso su ley frívola entre las candilejas renovadas de un local que pide ya a gritos una programación regular. Estos saltos de mata con espectáculos diversos llenando el espacio demuestra que hay una capacidad lectora que sabe por donde ir, unas pautas donde agarrarse y un camino para devolver la regularidad al espacio.

No sería nada malo hacer de la presencia de Sil de Castro y Jéssika Rojano una continuidad diaria a su oferta feminista, su trabajo merece la recompensa del aplauso y ellas han demostrado cómo ganarlo. Por otra parte la respuesta del público ha venido a corroborar lo que es cribamos, llenando las funciones en todas, absolutamente todas, las localidades del lugar.

Sil de Castro aporta su vena más dislocada, su buen hacer y su palabra es grito de guerra más allá de ls convencionalismos al uso. Sabe hacer de su texto un alegato atractivo no ya para feministas recalcitrantes sino para todo tipo de públicos, especialmente para aquellos que no acaban de confiar en que el valor femenino, singular o plural sean valor de cambio seguro para la taquilla. Una mujer en escena que devuelve sonrisas, encaja carcajadas y tiene ese toque que la picaresca regala a unas cuantas elegidas, y Sil es una de ellas.

Jéssika Rojano es la otra cara de la moneda, es la realidad, cruda y dura, la pasión de vivir encerrada entre las paredes de un hogar, un almacén, una oficina o un café. Aporta el raciocinio saludable a unas situaciones comunes, fácilmente reconocibles, esas que no apercibimos hasta que una actriz cómica como ella nos las desgrana en un escenario.  De Castro y Rojano son pareja perfecta en un juego de secuencias a todo ritmo que     transcurren ante nuestros ojos sustituyendo las rutinas diarias en pequeños espectáculos dissecionados por bisturí inteligente. Las dos actúan como presentadoras de otras caras nuevas que hacen de este Festival, feminista y femenino, un espectáculo divertido, coherente en su locura, que no cae ni se tambalea porque los cimientos están bien asentados. El programa es variado pues el resto de actrices depende de su capacidad de movimiento ese día, así que si se equivocan y repiten seguro que encontrarán caras nuevas. No pierdan la oportunidad de recrearse en sus propias vivencias, que eso es lo que hace ellas. Sólo que las transforman en un vodevil, que la vida, además de un carnaval, es una farsa sin sombra de aburrimiento, prueben a echarle un gramo de locura y lo comprobarán.

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Josep Sandoval

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