El breve retorno de Serena Vergano

El Teatro Akadèmia (en la confluencia de las calles Villarroel y Buenos Aires de Barcelona), es la joya de la corona que una orfebre de alta gama nos regaló, gratitud no correspondida aún por la ciudad a Elsa Peretti, magna diseñadora italiana que vende sus creaciones en cualquier Tiffanys del mundo (New York de preferencia), aunque afincada en estos lares desde hace años (Costa Brava), donde se ha comprado un pueblo entero por el que ha pasado toda celebridad neoyorquina que se precie, y del que ella sale muy poco.

Peretti decidió un buen día crear un espacio único, pequeño (apenas noventa espectadores), con el escenario a pie de la primera fila y con la puerta de la calle entre bambalinas. Bajo la dirección de Guido Torlonia, ella trae espectáculos tan delicados y exquisitos como sus joyas, a la par interesantes, de difícil comercialización y sobre todo interesantes y/o curiosos. A pesar de sus notables montajes es tan extraña su difusión que nos perdimos el último, del que luego nos han hablado maravillas. El que firmó Torlonia sobre la obra de Jean Marboeuf “Que va pasar amb Bette Davis i Joan Crawford?” dramatizando las tensas relaciones surgidas entre las divas durante y tras el rodaje de “Qué fue de Baby Jane?”, un texto transformado en serie de la HBO y con Jessica Lange como Crawford y Susan Sarandon como Davis. Aquí, en la Akadèmia me perdí los sin duda excelentes trabajos de dos grandes actrices, Vicky Peña como la primera y Carme Elías como la segunda.

Pero lo que no me perdí ha sido la segunda de las dos únicas funciones del retorno de Serena Vergano a la escena. Un viaje de vuelta de uno de los fetiches de la pantalla catalana (y aun española), de un espacio que pisó poco, el escenario, ya que fueron las películas las que acrecieron su fama y por las que logró su único premio, la Concha de Plata de San Sebastián por su papeles “Una historia de amor”, donde, paradójicamente, fue doblada.

Serena Vegano en un momento de «Lèxic familiar» del Akadèmia

Sobre el escenario del teatro Poliorama de Barcelona la vi interpretando a Carlota Corday en el fabuloso montaje del “Marat-Sade”, que dirigió Adolfo Marsillach como el marqués, José María Prada como Marat y una jovencísima Emma Cohen (a la sazón novia de Marsillach), que fue sustituida por Serena Vergano como Corday, así como el grupo Tábano como los internos del asilo de Charenton que dirigidos por el marqués representaban el asesinato de Marat. Serena estaba bellísima, hablando entre desmayos y susurrando presencias a veces ininteligibles, pero estaba maravillosa. Más tarde sería una imposible Gala en “Vador, el Dalí de Gala”, dándole la réplica a un ingenioso Juanjo Puigcorbé como el ampurdanés mágico. Un montaje que se fue al traste cuando una tormenta destrozó los decorados en el primer bolo de la gira al aire libre. O sea que mucha experiencia escénica no tiene Serena, aunque lo que nos cuenta la actriz en “Lèxic familiar”, que es el título de la performance es un paseo entre citas ilustres acerca del oficio, de la vida y del amor. Texto e imágenes de Monica Vitti, Pasolini, Marguerite Duras, Luca Ronconi, Dacia Maraini o Paolo Conte, que alterna con un repaso a su vida. Tras una primera parte dedicada a sus inicios de la mano de Franco Cristaldi, luego el mentor de Claudia Cardinale, y sus papeles en filmes menores, un rodaje barcelonés la trae a la ciudad y Paco Rabal le presenta a Ricardo Bofill, promesa de la arquitectura y bastión de una cultura catalana que la seduce. Enamorada, se queda aquí, triunfa en el cine y tiene un hijo, Ricardo jr., por quien sería conocida más tarde cuando la prensa rosa estallase en el país e hiciera del hoy también orondo arquitecto como papá, uno de sus juguetes a destruir.

Años más tarde, aparece en la vida de Serena Jean Pierre Carniaux, otro arquitecto del taller de Bofill, de quien Serena se enamora y con quien hoy comparte su vida. Retirada de la escena y compartiendo inquietudes artísticas con Carniaux, le llega a Serena este retorno inesperado a un espacio del que nunca fue deudora pero al que hoy se siente entregada mientras te cuenta su historia, bueno, parte de una historia que, como en el cine, también es de amor. Amor al trabajo, a la familia, a la tradición, a la amistad, y a una profesión a la que debió dedicar más tiempo para demostrar que pudo haber sido algo más que una belleza. Al final de la función, y dada la cercanía entre espectador y actriz, dan ganas de abrazarla, achucharla y reñirle por ello con una sonrisa.

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Josep Sandoval

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