Divertidas sardinas por todas partes

Tan sólo por la cantidad de veces que nos ha divertido Alexander Herold, el director de teatro británico, ya debería ser nombrado ciudadano honorífico español. Por eso y porque desde hace 30 años reparte su existir entre Londres y Valencia. Quién es Herold? pues nada menos que el director de la obra más destornillaste que ha pasado nunca por un escenario. Hablo de “Pel devant…i pel darrera”, un texto que Michael Frayn escribió con el título de “Noises off”  nada menos que en 1982 y que circula por el mundo como uno de los clásicos espectáculos donde la carcajada está asegurada por más veces que se haya visto. Doy fe porque conozco todos los montajes barceloneses, cinco con el actual del Teatro Borrás, y soy consciente, cuando me siento en la butaca, de que mis estados de ánimo seguirán la misma pauta: me divertirá la primera parte, me descolocaré con la segunda, y enloqueceré con la tercera. Y eso que me se las réplicas, aunque cada vez las hayan ido modificando Herold y Paco Mir (Tricicle), que son los adaptadores habituales.

Miquel Sitjar y Lloll Bertrán en “Pel devant…i pel darrera”

Dos horas de locura, pura y dura, sin tregua. En la primera parte la obra muestra a una compañía desastrosa representando un vodevil de amantes, puertas que se abren y cierran, negligé y porrazo. La segunda es la misma pero prácticamente en silencio, como secuencias de cine mudo, porque la acción se sitúa en la parte de atrás de la escena, allí donde la ficción se aparta y nos permite ver la realidad de esos pobres seres y como se complican la vida todavía más; la tercera ya es el desmadre, el destino final de una alocada apocalipsis histérica a la que llegan  nuestros protagonistas tras alternar la locura del guión que representan (como pueden), y el modo de resolver sus asuntos personales. Nueve esforzados intérpretes que, por delante y por detrás, nos muestran su desconcierto, sus problemas (la mayor parte de ellos, por no decir todos) de cama (que no amorosos), toda una serie de vicisitudes que tienen un común denominador: unos platos de sardinas, que aparecen y desaparecen. Mientras, la acción, en una espiral mágica, te va atrapando y te arrastra por el más agradecido de los caminos en tres etapas: sonrisa, risa y carcajada.

Alexander Herold, director de “Pel devant…i pel darrera”

A pesar de todo lo descrito, dice Harold que la obra es como una partitura de música donde nada queda al azar y debe interpretarse con precisión milimétrica.

En esta locura, aunque no lo parezca, todo está escrito, réplicas, golpes, todo está previsto y debe realizarse con tal pulcritud que el mínimo despiste puede echar a rodar la función. La dificultad de los actores es triple, en sus dobles papeles, persona y personaje (la obra que el espectador presencia es en catalán, y la que representa la compañía desastre es en castellano), y en sus facetas circenses, casi de acróbatas. Ahí se lleva la palma Miquel Sitjar, divertido como nunca, que expone su físico continuamente: su caída escaleras abajo es sorprendente. A su lado la siempre impecable Lloll Bertrán, aquí muy Lucile Ball de fastuoso crepado; el veterano Xavi Serrat dipsómanamente diverido; la sexy Agnés Busquets, toda una Marilyn doméstica; el implacable Jordi Díaz; la pizpireta y engañosa Laia Alsina; la carcajada irónica de Carme Pla, el rictus impasible y casi trágico de Lluís Villanueva; y Bernat Cot, el elemento imprescindible. Toda la compañía es un ejemplo de profesionalidad, unos maestros en enseñarles el más universal de los idiomas, la carcajada.

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Josep Sandoval

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