Custo, de nuevo solo en Nueva York

Custo Dalmau vuelve a desfilar solo en Nueva York, aclaramos, es el único diseñador español en la New York Fashion Week, donde fue el primero y a este paso será el último. Los dos supervivientes eran, hasta ahora, Desigual y Lacoste (que lo hacía con Basi y ahora ha retomado las pasarelas de París), mientras que el recién llegado Josep Font lo hacía bajo la marca Del Pozo, y se apreciaban colecciones esporádicas, como las de Carmen March, o las prendas en piel de Roberto Etxebearría. El trabajo que el leridano ha llevado este sábado a la Gran Manzana es el FW1819 (Otoño-Invierno), titulada Yes, this is me, que se vió, en versión reducida, en la reciente feria de moda que exhibida en Madrid, mientras que en los desfiles de la barcelonesa 080 la colorista firma ofreció la primicia de la SS18 (Primavera-Verano).

Águeda López, esposa de Luís Fonsi, modelo para Custo en Nueva York, febrero 2018

Fiel a sus postulados, Custo ha dirigido este nuevo trabajo a la individualidad de la mujer, una fórmula que no aprovecha porque está en el candelero, sino algo que ha defendido siempre. Este punto de valentía, y que le aleja del movimiento Barbie de la mayor parte de los diseños habituales, es quizá el principal inconveniente que le encontramos si hubiéramos de ponerle un defecto.
Los trajes de Custo atacan esta vez a las simetrías y se vuelca en los vestidos que más que nunca aparecen cómodos gracias en parte a la selección de materiales elásticos que mandan en la pasarela. Con esta ropa se pretende que la mujer arriesgue en sus propuestas, tanto de a diario como en la parte lúdica, donde el triunfo, femenino plural, parece mucho más probable.
Como hemos señalado  mandan los vestidos que abarcan del mini al maxi, tomando protagonismo frente a una gama de pantalones, de apariencia todavía más confortable, gracias a su apariencia deportiva, algunos con aspecto de chandal, pero que marcan estilo gracias a unas texturas donde nunca está ausente el brillo en una o dos capas. En los vestidos de esta colección Yes, this is me, encontramos una selección de tejidos nobles, un abanico que abarca del terciopelo a sedas extremadamente finas y transparentes, pasando por jaquards de punto, nylon tornasolado, así como tejidos calados.
Muy propio también de Custo son las provocaciones estéticas, que atacan aberturas al borde del peligro en piernas y delantero, y se manifiestan en atrevidas transparencias irisadas. Para esta colección neoyorquina se ha ampliado la gama de chaquetas y abrigos que se vió en Madrid y que se trabajan en ecopieles y combinadas con plumas, dándole un toque vintage. Los abrigos son de patronaje grande y muchas de las chaquetas, algunas tipo bomber, se han realizado a partir de elementos  deconstruidos que se traducen en piezas largas.
Nunca falta el brillo en las perchas de Custo, y coloca oros, platas y cobres a todas horas, ya sea del día o de la noche. Y, también como de costumbre, pues es una de sus señas de identidad, la fusión y superposición de texturas, mezclando con habilidad tejidos de última tecnología y técnicos, con trabajos manuales, aplicando pasamanerías metálicas, bordados, patchworks y plumas.
Entre una concurridísima audiencia, brilló la estrella de Luís Fonsi, toda una figura en el panorama musical mundial, que acaparó flashes en el desfi¡le, del que no se pedió ni un ápice, en especial cuando mandaba en la pasarela su mujer, Águeda López, que pasó dos de los modelos de una colección saludada con ovación y bravos, siempre mucho más ruidosos en Nueva York que en España.

Luís Fonsi, protagonista del desfile de Custo en Nueva York, febrero 2018

En esta primera fila, al lado de Fonsi y otros vips, se hallaban algunas influencers, que van sustituyendo paulatinamente a la prensa especializada. Ellas son el reclamo inmediato, la publicidad que casi en un vis a vis se comparte de inmediato con sus seguidores. Lo que habría que valorar es si este impacto está sostenido por un criterio que, a priori, nadie más que ellas aplican sin competencias con quien equipararlas. Creerlas o no es problema de la industria, y parece que, de momento, van bien así. Lo que sucede es que la manipulación de la clientela, a partir de esos nuevos módulos de difusión publicitaria, es mucho mayor que un criterio periodístico. Y el público parece está más dispuesto a dejarse seducir por ellas, porque hace moderno, y esas primeras impresiones suyas que funcionan a golpe de click.

 

 

 

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Josep Sandoval

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