El éxito de los monólogos es tan inescrutable como los designios del Señor. Nadie sabe porqué unos funcionan y otros no, podríamos pensar que depende de la habilidad del ejecutante, pero no es cierto. En algún momento puede funcionar la mordacidad, al estilo del famoso Lenny Bruce, humorista y crítico americano que despellejaba todo lo que encontraba en la prensa daría. Su habilidad era tan pródiga como su obscenidad y amontonaba multas y prohibiciones en cantidades enormes, y nadie sabía el secreto de su éxito, aunque podríamos achacarlo a un consumo de drogas y  alcoholes varios en cantidades industriales. Autor de libros cuyos títulos ya informan del contenido, “Cómo ser grosero e influir en los demás” o “Memorias de un bocazas”, falleció a los 41 años y, copio literalmente cómo le encontraron :“Bruce estaba desnudo en el suelo, con una jeringa y un tapón quemado de botella cerca, además de otros utensilios relacionados con los narcóticos.”

Por estos lares no es preciso ir tan lejos. Tuvimos un ejemplo, extraordinario, en la figura de Pedro Ruiz, quien, sin otro recurso que su talento (hoy en hibernación), y una labia por encima de la velocidad habitual, se enfrentó a los movimientos varios que le sirvió en bandeja una España tambaleante. A pesar de su talante, talento  y osadía, Ruiz también fue vilipendiado por cadenas televisivas que fueron sus grandes enemigas. Sin ellas, todavía hoy, no se puede ir a ninguna parte, y aunque ir con ellas no garantice calidad, proporciona tal cantidad de publicidad directa y paralela que las hace insustituible para lanzar cualquier mensaje o producto.

Por regla general nuestros monologuistas son hombres y enfocan sus discursos, con más o menos recato, hacia el humor, de sal gorda de preferencia. y son poco ambiciosos en cuanto a temario se refiere. Hoy en día los discursos de Ruiz no provocarían debates como antes, porque la pluralidad de los partidos, ideas y ambiciones se solventan en senados, parlamentos y demás centros de encuentro donde las presuntamente denominadas señorías (qué habrán hecho ellos para merecer esto?) se encargan de representar funciones a diario, muchas de ellas televisadas, con lo que el impacto es tremendo.

Decía que los monologuistas suelen ser hombres y, por regla general, hacen del humor urbano su arma de ataque. No molestan, todo lo más una palabreja (salvo excepciones, verdad Toni Moog?) más alta que otra, y unos planteamientos placenteros que no irriten la bilis: el público quiere divertirse y ellos dan lo que necesitan.

Eva Cabezas en una imagen promocional de su espectáculo, “Curvy”

Rara avis, en el escenario de estos artistas se ha subido una mujer, Eva Cabezas, de la que he visto su último espectáculo, “Curvy”, (con funciones mañana miércoles, 19, y el jueves, 20, en el Eixample Teatre, calle Aragó, 140, de Barcelona, en funciones a las 22.30 horas), quizá el más personal. Consultado los asuntos de algunos de sus videos, observo que el abanico es amplio, a tenor de títulos y/o subtítulos  “Hay verdades que incomodan y verdades que duelen”, “El surrealismo en la clase de aerobic” o “Prostitución masculina” son algunos de ellos significativos de que sus tiros van hacia el hombre como enemigo en la sombra, la cruda realidad y la curva realidad. Lo había olvidado, el monólogo se presta a una terapia, en principio colectiva, cuyo primer beneficiario es el actor, en este caso actriz. Hablar en público vence la timidez, contarles tus problemas, una terapia para resolverlos. Y echar fuera tus demonios, la manera más fácil de exorcizar tus limitaciones.

En el caso de Eva, lo habrán visto en las imágenes, sus asuntos (que no traumas) a resolver en la función se refieren a su volumen, un contorno espectacular que ataca como una loba. Su visión de esos kilos de más, lo que representa un físico apartado de esqueléticas modas, y demás situaciones paralelas, lo resuelve Eva echando mano de elementos básicos. Nada es circunstancial en esta aventura de gran tonelaje del que se obtienen poderosos dividendos. Si uno está en esas mismas coordenas, es mi caso, no es que salga reconfortado (eso depende de como entre cada cual), pero si habrá dibujado sonrisas, risas y carcajadas con el trabajo de una actriz a la que sólo le pongo un pero. Ya que estamos reivindicativos, nuestro cuerpo es nuestro templo y la estructura es la que es, debería excederse y arriesgar un poco más en el diseño de vestuario. Atreverse es completar con imágenes lo que la palabra envuelve. Palabra de gordo.

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Josep Sandoval

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