Coco Comin, la magia del musical

Me gustan los musicales desde siempre, qué le voy a hacer. La idea de que los actores empiecen a cantar y bailar en plena acción me fascina. Y cuando la partitura forma parte del guión mi entusiasmo es enorme. Cada vez que voy a Nueva York (docenas de veces a lo largo de los años) o a Londres devoro con fruición las carteleras de Manhattan y el West End respectivamente y, haciendo cola en las taquillas pertinentes no me he perdido un estreno, a excepción de “Hamilton” que fue imposible por todos lados. ese puede ser mi gran fracaso, mientras que en el polo opuesto estaría haber visto a Glenn Close como Norma Desmond en “Sunset Bulevard” una función cuyo recuerdo, al cabo de los años, aún me pone los pelos de punta.

Por eso soy fan del trabajo de Coco Comin en su escuela de danza y por poco que puedo no me pierdo sus festivales de fin de curso donde bailan todos sus alumnos. No se cuantos son, pero para que bailen todos reparte las sesiones en tres días a doble función. No tengo datos concretos pero creo que son unos 600 los que actúan cada día, lo que me da un resultado aproximado de unos mil ochocientos alumnos de todas las edades que desfilaron por el escenario del teatro Victoria. Pero igual son más. Anécdota: puesto que en el número final intervienen todos, su “Chorus Line” debe tener un récord Guinness si lo realizase la Escuela entera en cualquier competición.

«La calle 42», uno de los puntales del musical de Coco Comin

Doy por sentado que el teatro se pone a rebosar y encontrar una localidad es misión imposible: nunca el Victoria estuvo tan lleno tantos días seguidos. También que son los más pequeños los que aglutinan la mayor atención, pero los mayores se llevan la admiración y la facultad de comprobar que hay en Barcelona gente preparada para cualquier musical que se haga…en Madrid, porque lo que es aquí nos quedamos con las ganas. Nuestra ciudad duerme entre miserias y poco queda del referente cultural que supuso hace unos años. Pero aparquemos la pesadilla y soñemos en que algún día nos recuperaremos.

La Escuela de Coco Comin basa su enorme experiencia a través no sólo de su docencia sino también con participación con producciones propias, riesgos que a propia Coco asume como retos ocasionalmente. Pero volviendo al festival que nos ocupa. Lo ví el miércoles, el primer día, y llegué con tiempo suficiente para perderme entre la marabunta que salía de ver el primer pase, la que esperaba para entrar en el segundo y por la cantidad de artistas de todas edades que, con sus trajes de “faena” buscaban a lo suyos o retomaban fuerzas zapando unos bocadillos de consideración, La mezcla era jugosa, purpurinas en adolescentes, mallas para todas las edades y alguna”lolitas” con trajes de “Kinky Boots” muy sexys con sus corsés rojos y negros y sus altas botas de simil charol rojas por encima de la rodilla, todo un reto para unas jovencitas que a sus jóvenes años interpretaban sin malicia unos roles muy provocativos en el original.

«One» el apoteósico final de «Chorus line» recreado por la Escuela de Coco Comin

Tomada la historia como un viaje por la Biblioteca de Nueva York una pareja de jóvenes ensartan un diálogo con otra, que a larga resultarán ser Fred Astaire y Ginger Rogers, con quienes desgranarán grandes musicales de todos los tiempos. Hay muchos y añoramos otros (“Annie”, por el potencial infantil de la escuela, por ejemplo), y en otros resulta ocurrente y/o gracioso, ver a los hijos del barón Trapp multiplicarse, como los gatos de “Cats” o los fantasmas de la ópera que hay dos en su apertura de la segunda parte con “Masquerade” (he visto la función 17 veces). Hay alguna curiosidad, como el Bollywood de “Bombay Dreams”, una producción de Andrew Lloyd Webber, casi desconocida (aunque nos escatiman «The Race» de su autoría en «Starligth Express», su musical sobre ruedas),  locuras como ”Grease”, y dos novedades, el “Land of Lola”, de «Kinky Boots” de Cindy Lauper, y el “Alexander Hamilton”, de “Hamilton”, el suceso más actual de la escena neoyorquina. Nos pareció perfecto el impacto del medley de “Fosse”, lo mejor del espectáculo, y adorable “La calle 42”, aunque aprovechando el decorado y la escalera hubiera aumentado la compañía notablemente, el número se presta a ello. Y para remate, emocionante, la tercera parte de la escuela, toda oro puro, cerrando con el “One” del «Chorus Line” como un saludo que no es un adiós, sino un hola a toda esa afición de gente que sueña y vive en musical, esa línea de coro omnipresente para que todo musical tenga su reconocimiento. Sólo una pega, la impresión sería ya perfecta si, además de bailar, cantasen e interpretasen la música en directo: entonces sí que sería la maravilla de las maravillas.

(Fotos Francisco Vázquez)

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Josep Sandoval

Latest comments
  • Sandoval conoce BCN (y también otras ciudades de referencia), así como, sus gentes y sus secretos como nadie. Es una verdadera Biblia de quién es quién y dónde y cuándo. Es ameno y elegante. Si pone algún pero, lo hace con elegancia y esa buena escritura que le caracteriza. Habrá termas que nos pueden INTERESAR más que otros. Por eso vale la pena seguirlo.

  • He leido que echaste de menos el musical annie , se interpretó en las funciones del viernes por las alumnas de preteen con edades comprendidas entre los 11 y los 13 años ( aprox) .

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