“Air Otic”, rigor, sentido y sensibilidad

Por una breve temporada se ha presentado en el teatro Victoria de Barcelona la compañía Les Farfadais (algo así como la luz del relámpago que viaja a la estratosfera), con su espectáculo “Air Otic”, y remarcamos lo de breve porque terminan el próximo 19, o sea les queda apenas nada para contemplar un show especial. Habrá quien crea que se parece a La Fura del Baus, otro dirán que a Le Cirque du soléil. Y de estos y similares maravillas bebe esta prodigiosa troupe tan breve como impecable (seis hombres y una acróbata, más una cantante), contemplado desde una sola óptica, el trabajo del cuerpo humano en función del espacio y el equilibrio.

Es difícil organizar hora y media de función si no se cuenta con elementos de primera calidad, mimbres impecables para confeccionar un cesto que cada noche se hace y se deshace entre ilusiones de color, reflejos de aguas mágicas, polvos etéreos y diversas aportaciones del mundo de Tolkien y otros magos que van más allá de la palabra. En cada función es nuestra imaginación quien desarrolla sus factores para completar una propuesta para la que la compañía facilita el enunciado, coloca los elementos y los deja fluir en el aire, en el agua o sobre las sensaciones más placenteras.

Les Farfadais no son nuevos en esto, y aunque su página web, biblia impecable e implacable de nuestras vidas, facilita un agobiante número de hermosos datos, vamos a ceñirnos sólo a algunos de ellos. Su cabeza visible es Stéphan Haffner, que figura como director artístico aunque es alma, corazón y vida de este elemento de seducción, que en el Victoria es apenas una mínima parte de lo que es su producción a escala mundial. El núcleo lo forman unos 150 artistas que se reparten en varias compañías que representan en el mundo varios de sus espectáculos, del que el más célebre y popular por los cientos de miles de personas que lo están viendo en el Friedristadt Palast de Berlín, es “The One”, cuyo vestuario ha diseñado Jean Paul Gaultier, pura maravilla, como lo es cualquiera de ellos. Me quedaría en segunda posición con “Quintessence”, que se suele representar bajo la carpa del mago Alexis Gruss en París, y que aquí no podrá verse nunca porque intervienen caballos en el show. Y ya se sabe que nos ha tocado un tiempo de prohibir, que no curar, ni relativizar, como esa nube que me le han colocado sobre el trasero de uno de los acróbatas en uno de los posters de este show barcelonés: bien, no hay uno, al final son todos los de la compañía. Y sin nube.

Stéphan y Kyle en “Art Otic”

Antes de que esto suceda, un sin fín de imágenes habrán desfilado ante nuestros ojos levantando constantes ovaciones, nunca había escuchado tanto aplauso interrumpiendo un número.

La fórmula es sencilla en apariencia, la cuadratura del círculo, esconder al espectador la dificultad, resolver el teorema con la mayor de las fragilidades, evitar ver la matemática geométrica que encierra el círculo. Eso se logra con rigor, disciplina, ensayo y trabajo, sólo así se consiguen resultados como los de anoche en el Victoria, donde el teatro enloqueció con esta aparente sencillez con que los acróbatas solucionan lo imposible. Técnica aparte, hemos de tener en cuenta la plástica efectista de unas puestas en escena donde se equilibra el buen gusto con el riesgo y una cierta dosis de erotismo que, todo sea dicho, no es la base del show por si alguien les ha colado que la orientación sexual del espectáculo fuera su finalidad: eso son minucias, palabras de pobres de espíritu que piden identidad antes que exigir resultados.

Una de las acrobacias del show

Les Farfadais es una compañía ejemplar. Tenían una semana de descanso entre dos cruceros, y la han aprovechado por la ilusión que les hacía pisar un teatro barcelonés, donde, vistos los resultados, es más que probable que hagan temporada. Es complicado por fechas, pero la ciudad juega una baza importante: gracias al empuje, apoyo, talento y visión de Núria Marín, la alcaldesa de L’Hospitalet, han instalado allí una de sus naves de ensayos y es punto neurálgico desde donde salen algunas de sus producciones. Marín, en silencio, está haciendo de su zona un Soho neoyorquino, un Wynwoode Miami o un Shoreditch británico, un barrio que cuenta ya con 500 agentes creativos repartidos en innumerables locales de una parte de la ciudad, que ni está comercializada como Gràcia, ni es presa de los hipsters como Poblenou, ni ha caído en manos de especulación desorbitada como es la misma ciudad. Bravo, Marín, habría que ir pensando en tí si no cambias de ideas para que te hagas un traslado de despacho!

Jaula en una de sus apariciones

Puesto que la compañía es breve, aquí están. Una ONU aérea, de férrea disciplina y rigor prusiano: los aereolistas Kyle (americano); Stéphane (francoitaliano); Bruno (portugués), Emiliano (italiano): Kevin (mogol filipino); Moneka (camboyano);  Olga, contorsionista ucraniana. A todos ellos se une el hilo conductor de una cantante (por casualidad del Poblesec, al lado del teatro), que ha debutado con la compañía hace unas fechas en un evento en Niza, la marroquí Khaoula Bouchkhi (llámenla Jaula), que estaba en el Lío ibicenco y que bajo el nombre de Ebra acaba de publicar su primer disco, “Modern Africa I : Reveries”. Ella es la encargada de tejer una red musical, repleta de soul y jazz, con temas de Madonna, Katy Perry, Christina Aguilera, Adele y hasta un severo “Paint in black” de los Stones. Si tiene sensibilidad no se pierdan “Air Otic”, y si no disponen, vayan, allí empezarán a aprender lo que es rigor, sentido y esfuerzo para deleite de los sentidos. Y todo con la facilidad más aparente y hermosa. Con un castillo y un dragón, al que había que darle más juego, que se querrán llevar a casa.

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Josep Sandoval

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